Opinión

El termómetro del mercado interno

 
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Walmart

Acudí ayer a la Cumbre de Negocios de Guadalajara. En la mesa en la que participé, uno de los temas que estuvo en la discusión es por qué una realidad económica es percibida de una manera más pesimista respecto a lo que los datos muestran.

Una evidencia de ello fue el reporte trimestral de la cadena Wal-Mart, la principal empresa minorista del país, que ayer se dio a conocer.

Para el periodo julio-septiembre, se reporta un crecimiento nominal de sus ventas a unidades comparables de 6.3 por ciento y un incremento de 5.5 por ciento en los primeros nueve meses del año.

Si tomamos en cuenta que en el trimestre la inflación fue de alrededor de 2.6 por ciento en promedio, observamos un crecimiento real de ventas de 3.6 por ciento.

El crecimiento, de facto, sería del orden de más de 4.0 por ciento real en la medida que Wal-Mart reporta una inflación de su canasta de alrededor de la mitad de lo reportado por el Inegi.

Quizás pueda pensarse que el incremento de las ventas se dio en el tipo de productos que impacta en menor grado en la canasta básica. Pero no es así.

La división “alimentos y consumibles”, compuesta esencialmente por productos de primera necesidad, tuvo un alza de 6.3 por ciento, equivalente al promedio general.

El concepto de “mercancías generales”, otra de las divisiones importantes, compuesta de productos de higiene, belleza, salud, celulares, papelería y hogar, creció en 8.5 por ciento a tasa anual y la venta de ropa lo hizo en 7.7 por ciento.

En el caso de tiendas más pequeñas, resultados positivos como los que reporta Wal-Mart podrían deberse a un desempeño que le permite quedarse con una rebanada mayor del mercado, aun en caso de las tiendas ya abiertas.

Sin embargo, Walmart es tan grande que sus resultados favorables sólo pueden ser explicados por el mejor desempeño del consumo.

Además, sus datos son consistentes con otros indicadores del mercado interno que le hemos referido en este espacio, como la evolución del empleo o del salario real.

Si el consumo de productos básicos está mejorando entre segmentos amplios de la población urbana del país, ¿por qué sigue existiendo la percepción de que “la economía está mal”?

Sólo encuentro las siguientes explicaciones:

1.- El escepticismo generalizado que hace desconfiar de todas las cifras, hasta de las empresas privadas. Para muchos, sólo son creíbles cifras que hablen de un deterioro económico.

2.- La tendencia a magnificar lo malo y minimizar lo bueno, que ha surgido en el ambiente social en México desde hace poco más de un año, y que persiste.

3.- El efecto simbólico que todavía tiene en muchas personas el valor del dólar. Más allá de su impacto efectivo sobre la inflación, hay quien lo sigue viendo como termómetro de la economía.

La conclusión del panel en el que ayer participé es que la construcción de una nueva narrativa del país, que logre hacer coherentes los datos con las percepciones requiere la creación de expectativas positivas, claras y entendibles para el mediano plazo.

La responsabilidad principal de ello es de la autoridad, sin duda, pero el sector privado requiere contar historias que no oculten si no que resalten las cosas que van bien.

Twitter: @E_Q_

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