Opinión

El tema de la Calidad en la Educación Superior: ¿qué definición conviene?

 
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 [El Instituto de Energías Renovables de la UNAM será el responsable de integrar el Centro Mexicano de Innovación en Energía Solar. / Cuartoscuro] 

El tema de la calidad, el aseguramiento de la calidad, la acreditación de la calidad o cualquier otro nombre parecido, es un tema permanente de discusión en foros, seminarios y congresos organizados por las universidades y sus organizaciones. Todo mundo está preocupado por el tema pero las definiciones son vagas, imprecisas. Muchos la mencionan como importante pero pocos saben que quieren, o desean, decir al mencionarla.

Una primera cuestión que debe señalarse es que el tema de la calidad en la educación superior es una herencia del mismo concepto aplicado en la industria. De hecho, ahí nació para referirse a cuestiones como justo a tiempo, certidumbre en los procesos y otros asuntos. Una vez adoptado, el concepto ha sido adaptado y definido de diversas maneras por las universidades. Una definición socorrida es que las universidades preocupadas por el tema obtengan los indicadores que usan los rankings internacionales. Quienes los cumplan, serán de calidad. Otra se refiere a cumplir con los estándares que las agencias nacionales de acreditación, de manera heterogénea, y habría que decir hasta arbitraria, establecen.

La agencia peruana de acreditación, por ejemplo, es muy insistente en estándares internacionales como publicaciones en listas específicas de revistas internacionalmente reconocidas de acuerdo a SCOPUS o ISIS, número de profesores con grado de doctor. En el caso del Ecuador, asuntos semejantes son requeridos por la agencia nacional de acreditación pero se suma un concepto interesante que tiene que ver con los lazos de vinculación que la universidad en cuestión tenga con su entorno, sea local, regional o federal. Lo cierto es que los indicadores con los que se mide la calidad responden a conceptualizaciones diversas relacionadas con qué tipo de universidad se quiere. En algunos casos, la idea es parecerse a algo exógeno. En otros, el objetivo es ese mismo pero adicionando asuntos endógenos.

El tema es que la definición de lo que cada universidad considera como el sendero correcto para llegar a la calidad no es trivial y, por lo tanto, también lo es la definición del concepto. Cuando las agencias acreditadoras de la calidad visitan las universidades y emiten un reporte con recomendaciones para ser acreditadas, ser de calidad, las instituciones universitarias inician una serie de acciones convergentes con tales recomendaciones porque la calidad es algo que les importa mucho por motivos de prestigio, atracción de estudiantes, financiamiento y otros asuntos. Pero, ¿realmente seremos de calidad si nos parecemos a lo ajeno? ¿Hasta qué punto lo ajeno y lo propio deben combinarse? ¿En qué hay que poner el acento? ¿El contexto en que se fundan y desarrollan las universidades debe jugar un papel en la definición de la calidad? Todas estas interrogantes requieren de una respuesta que, además, no es de fácil hechura.

En América Latina, de acuerdo con la Cepal, en la actualidad, en promedio, el 30% vive en pobreza pero, al mismo tiempo, es la región más desigual del planeta. Por ejemplo en el caso de México, según la OCDE, en 2014, el ingreso promedio del 10% de los más ricos es 29 veces al correspondiente al 10% de los más pobres. En la OCDE, México es el segundo país más desigual. Y esta desigualdad se expresa en problemas agudos relacionados con la seguridad alimentaria, la salud, la educación, la vivienda y más. ¿Debería tener alguna relación el tema de la calidad de la educación superior con la situación que vive la mayoría de la población en América Latina y el Caribe?

En la jerga de la educación superior uno de los debates más importantes es cuál es la función principal de las universidades hoy día, en particular, aunque no exclusivamente, de las universidades públicas.

Además de la docencia, la investigación y la extensión, la vinculación estrecha del quehacer universitario con los problemas de la sociedad se distingue como la tarea fundamental. ¿Es posible, justificable, entender a una universidad desvinculada de los problemas de su entorno, local, regional o nacional?

Si la respuesta es en sentido que si debe tener relación, entonces el tema de la calidad pareciera ser pertinente. La calidad de una universidad, es una propuesta, debería estar estrechamente ligada a la capacidad de la institución y de sus egresados de hacer contribuciones de alta calidad científica dirigidos a la solución de los problemas que apuntalan la desigualdad. Esta tarea no es fácil y no excluye la vinculación de la universidad con el conocimiento global de los fenómenos. Pero la intención y la lógica cuentan. Es fundamental que las universidades atiendan los problemas de su entorno, con el mayor rigor científico, tomando del mundo lo que resulte pertinente. Así la calidad de la educación superior se convierte en un factor que puede contribuir, de manera importante, a la reducción de la desigualdad. A mi juicio, esa definición de calidad es la que vale la pena explorar y afinar.

Lo demás es poesía y ajena al quehacer universitario con pertinencia social.

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