Opinión

El subsecretario Miranda

¿En qué pues ha quedado la reforma educativa?

A juzgar por la propuesta que hizo la Secretaría de Gobernación a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que para efectos prácticos se ha convertido en la auténtica representante del magisterio, la reforma fue pirotecnia.

Se suponía que con la nueva reforma educativa,la Secretaría del ramo tendría –por fin- dientes para someter a los pseudoprofesores que se la pasan en la calle de protesta en protesta, más que en las propias aulas.

Pero al ofrecer a la CNTE que ningún maestro será afectado por estas disposiciones, ni cambiado de adscripción en el caso de no pasar los controles de conocimientos y aptitud, la reforma está más que chimuela.

Si esa iba a ser la oferta del subsecretario Luis Miranda, ¿para qué gastó el Ejecutivo en interponer una controversia en contra de tres gobiernos estatales que nomás no quisieron homologar la legislación educativa local con la federal?

Ya en el primer embate de la CNTE en contra de la reforma educativa y sus leyes secundarias, Miranda había sido duramente cuestionado por ofrecer pactos más allá de lo medianamente razonable, con el objetivo de que la disidencia magisterial despejara el Zócalo capitalino.

La CNTE ha ido expendiendo paulatinamente el control de las secciones sindicales que correspondían al hoy invisible Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

Hoy son dueños de los maestros de Oaxaca, Chiapas, Michoacán, una parte importante de Guerrero y se expanden con fuerza en Zacatecas, en el Estado de México, en Tabasco y en Quintana Roo.

Y cómo no, si vasta un poco de presión para que las autoridades se “flexibilicen’’, supuestamente en aras de evitar un conflicto social pero en contra de los intereses educativos de cientos de miles de estudiantes del nivel básico.

Esa es la reforma.

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Lo que ha pasado con la reforma educativa puede ser un mal síntoma para el futuro de las reformas pendientes: la de telecomunicaciones y la energética, que se van a votar en este mes en dos periodos extraordinarios distintos.

Hasta donde se sabe, el PRD, que se ha opuesto sistemáticamente a ambas, sí estará en los debates y hasta anunció que realizará a partir de esta semana foros públicos para debatir el asunto de las telecomunicaciones –otraaaa veeez-.

Pero si de entrada los especialistas consideraron light la iniciativa presentada por el Ejecutivo, ¿qué se puede esperar luego de la “negociación’’ con un PRD que a todo dice que no –como el chiste aquel que cuando un perredista se desmaya no vuelve en sí, sino en no– y con un PAN que está dispuesto a vender caro su apoyo?

¿Será que veremos los cambios que nos iban a llevar al progreso –nuevamente– descafeinados?