Opinión

El sorprendente caso del precio de la canasta básica

 
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El sorprendente caso del precio de la canasta básica.

¿Sabe en cuánto se incrementó la canasta básica en los primeros cuatro meses de este año? Pues no se incrementó, sino que bajó en 0.31 por ciento.

¿Y sabe el porcentaje de incremento que tuvo en los últimos doce meses? Fue de 0.73 por ciento, es decir, no llegó siquiera al 1.0 por ciento.

Me imagino la cara de incredulidad que tiene el lector. Me dirá que cómo puede ser posible que eso suceda si tan sólo el limón subió en más de 60 por ciento durante el último mes.

Bueno, pues la canasta básica definida por el Inegi contiene 82 productos y servicios genéricos, que conforman un índice que pretende representar la estructura de consumo de la población con menores ingresos.

Y, como en todos los índices, hay productos que suben pero también hay otros que bajan de precio. Así como el limón subió mucho, bajó el precio de la cebolla o del chile serrano.

Pero quizá lo más importante en abril fue que bajó el precio de la electricidad en multitud de ciudades de clima cálido en las que entró en vigencia la tarifa de verano.

Además de que la canasta básica casi no aumentó de precio –en promedio– en los últimos doce meses, el índice más general, el de precios al consumidor, de acuerdo con lo que Inegi informó ayer, lo hizo a una tasa anual de 2.54 por ciento en abril. Se trata de la inflación más baja en lo que va del año y consolida la tendencia que tiene este indicador.

¿Por qué es importante que la inflación siga baja?

Lo primero es porque permite un crecimiento de los salarios reales.

El crecimiento del salario promedio del sector formal es de 3.9 por ciento en términos nominales. Con una inflación de 2.54 por ciento, se registra un alza de 1.3 por ciento en el salario real.

Considerando además un crecimiento de 3.5 por ciento en el número de asegurados, hay un incremento anual de la masa salarial real de 4.85 por ciento.

En la medida que se logre mantener esta tendencia, el mercado interno seguirá teniendo la fuerza necesaria para impedir que el crecimiento económico se venga para abajo.

La otra razón por la que es importante que la inflación se mantenga baja es porque se evidencia que se ha logrado eludir la traslación a los precios de los efectos de la depreciación del peso frente al dólar.

Cuando hay días como los que hemos tenido últimamente, la estabilidad es un factor clave.

En los últimos doce meses, el dólar se encareció en 18.5 por ciento.

Imagine cuál sería el cuadro que tendríamos en el caso de que este incremento se hubiera trasladado a los precios.

El otro factor relevante que no puede omitirse es el hecho de que una canasta básica que no incrementa su precio o que lo hace muy por debajo de la inflación promedio, evita la erosión de los ingresos de la población más pobre.

No hay que olvidarse que en 2013 y 2014 la canasta básica se incrementó más que la inflación y ese fue uno de los factores que incidió en el incremento en el número de pobres en México.

Si se lograra mantener la tendencia que ayer vimos en los precios, pareciera que pudiera dársele vuelta a la tendencia al crecimiento de la pobreza.

Y si a ello se le agrega un posible incremento al salario mínimo. Las cosas serían mejor. Pero de eso hablamos en un próximo artículo.

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