Opinión

El SAT y la velocidad de facturación en tres actos

 
1
 

 

ME SAT (Especial)

Primer acto: Llega un mexicano con su familia a un restaurante y pide sopas, ensaladas y platillos principales. El mesero procesa rápido la orden y los platillos llegan en tiempo y forma. Segundo acto: El cliente pide la cuenta y el mesero le cobra velozmente. Tercer acto: El cliente pide una factura y la respuesta es que tardarán de 15 a 20 minutos en generarla, porque el sistema está saturado. ¿Cómo se llamó la obra? “La mágica sustitución del microprocesador Core i7 por uno 386 durante el postre”.

Este fenómeno se repite consistentemente en muchas empresas: hoteles, restaurantes, tiendas departamentales, joyerías, gasolineras y un sinfín de establecimientos cuyos sistemas de cómputo corren a dos velocidades distintas: son sumamente veloces para procesar la orden de compra, pero son nauseabundamente lentos para generar una factura.

Lo paradójico es que muchas veces estas dos transacciones ocurren en la misma computadora.

El sábado estuve en El Palacio de Hierro para comprar alguna prenda.

La diligente dependienta me acompañó para seleccionar talla y color.

Recorrimos el piso sin problema; no obstante, yo tenía el tiempo limitado. Al llegar a la caja los códigos de barras fueron leídos en milisegundos; como cuchillo en mantequilla. En cuestión de segundos el sistema había procesado los artículos y el total estaba listo y siendo cargado a mi tarjeta. No obstante, al pedir una factura, la señorita me advirtió: el sistema está lento y tardará 15 minutos en emitirse… Misma computadora, diferentes velocidades. En Liverpool ocurre lo mismo.

No he escuchado que el Servicio de Administración Tributaria (SAT) que encabeza Aristóteles Núñez haya incorporado la variable “velocidad del sistema” cuando insiste en la obligatoriedad de los comercios para emitir facturas. Quizá debería. En muchos casos, por ejemplo, se podría presumir que varios comercios apuestan a la desesperación del cliente para no reportar al fisco muchas de estas transacciones. Lo cansan. El resultado es que un cúmulo de transacciones informales viven dentro de los negocios formales; es decir, sí pagan impuestos, pero poquitos.

No hay pretexto tecnológico para que los comercios no facturen rápidamente. Pero esta práctica ya es generalizada, sin que nadie se queje. Los hoteles están entre los peores. La llave del cuarto y la sonrisa del gerente en el front desk aparecen en segundos tan pronto uno desee hacer check in. Pero la factura puede ser una tortura durante el check out.

Alguien se está burlando del SAT y de los contribuyentes. ¿Serán únicamente los comercios? ¿O también las desarrolladoras de software que programaron que el sistema de facturación corra a velocidad de perezoso de Zootopia?

Twitter: @SOYCarlosMota

Correo: 
motacarlos100@gmail.com

También te puede interesar:
Arabia Saudita, con cambio estratégico
Cinco virtudes de que la 'mota' sea legal
Sedesol prepara revolución en Liconsa