Opinión

El Rubicón

Gil recordó la voz irónica de un amigo ante el mantel tan blanco: el gobierno de Peña Nieto está a un paso de cruzar el Rubicón. La historia es conocida, y si no la conoce usted, entre a Wikipedia: el río es el cruce, el detonante o casus belli (aigoeeei) de la segunda guerra civil de la República de Roma. Marcaba el límite del poder del gobernador de las Galias y éste no podía, más que ilegalmente, adentrarse en Italia con sus tropas.

La noche del 11 al 12 de enero de 49 a. C., Julio César se detuvo un instante ante el Rubicón atormentado por la duda. Dio entonces la orden de cruzar el río pronunciando la frase que los diputados panistas repiten cada que se van de fiesta: alea jacta est; o sea, que nos traigan el mejor material del table dance más cercano. No, falso, la frase quiere decir: "la suerte está echada".

Según Plutarco, Julio César citó en griego la frase del dramaturgo ateniense Menandro: “Que empiece el juego”. La misma frase la repetía el ingeniero Cárdenas cuando era un sabio, allá en el 79 a. C., unos minutos antes de que Pompeya quedara bajo las cenizas y la lava. ¿Cómo ven al Gil historiador clásico? Así las cosas, de ese acto de gran audacia y sentido histórico se desprende la expresión “cruzar el Rubicón”, que expresa el hecho de lanzarse irrevocablemente a una empresa de arriesgadas consecuencias. Por cierto no debe confundirse El Rubicón de Julio César con el Rubicón de Michoacán, que así le decían los Templarios a Rodrigo Vallejo Mora. Ahí viene 'El Rubicón', jefe, ¿qué le damos? Dale una Tecate light y que se vaya a la gáber.

Primera plana

No nos desviemos del denuedo (¿denuedo?) clásico de Gil deteniéndonos en vulgaridades y naderías. Parece haber un acuerdo entre las mentes más valiosas de Roma, o de México, da igual: Peña ha logrado reformar la Constitución en 20 meses de gobierno, 65 artículos constitucionales modificados, ni más ni menos. La aprobación de las leyes secundarias ha cerrado el gran ciclo reformador de la historia moderna de México. ¿Cómo la ven? Sin albur ni nada. Todos están tan alegres y optimistas que Gamés abandonó el mullido sillón y se abrazó a sí mismo: te amo, Gil. Y recuerda que todos sabemos querer, pero pocos sabemos amar. Oh, sí.

Las primeras planas de los periódicos dejaron a Gilga sin resuello, pero en especial la de su diario La Jornada: “Peña: fin a la inmovilidad del país con la reforma energética”. “Anuncia acciones para implementar rápidamente el proceso”. “Se asignarán las áreas que conservará Pemex y se alistará la ronda de licitaciones”. Gamés se frotó las orejas y se sobó los ojos, o como se diga. Esto lo va a saber Liópez y con él no hay tu tía. Le van a dar una arrastrada a Josexto Zaldúa que los cardenales le van a durar hasta Reyes de 2015.

Gamés no quisiera importunar, pero de acuerdo a la línea editorial del diario, la primera plana debió decir esto: “Se vende México al mejor postor”, o bien esta otra: “Traición a la Patria: todos al paredón”. O bien esta: “Vendepatrias consuman crimen”, o ya de plano esta otra: “Vende Peña a México barato”. Lejos de esa postura, su periódico La Jornada ha puesto en grandes letras una declaración del presidente y si Gil no se ha quedado ciego, no hay un editorial al respecto. No somos nada.

Acuerdo, no me acuerdo

Lo que es la vida, mira por dónde: cuando se necesita una postura crítica ante el triunfalismo priista y el entusiasmo nacional, cuando se requiere una dosis saludable de incredulidad, La Jornada se alínea. Ni pex. Bueno, la publicidad, ustedes saben, no sólo del pan duro de la verdad vive el periodismo heroico, en fon. Bien: creceremos sin barreras, terminó la inmovilidad, Peña ha logrado la mayor transformación en cinco décadas, gran dinamismo. Anjá.

La luz costará nada, tú prendes un foco y el foco te declamará poemas extraordinarios; la gasolina será tan barata que los pobres la usarán como perfume; tendremos cientos de canales de televisión, uno peor que el otro, pero no importa, en fon. Van a perdonar a Gil, pero aún no se oye desde la tribuna algo central: todo esto es para disminuir la desigualdad masiva de México. ¿Cómo ven a Gil en el candelero del escepticismo? ¿Quiere Gil que todo salga bien y bonito? Sí. Supone Gamés que así ocurrirá: no.

La máxima de Publio Siro espetó dentro del ático de las frases célebres: “El que sabe vencerse en la victoria es dos veces vencedor”.

Gil s’en va.