Opinión

El retorno al México del "momentito"

“Momentito”, ya se sabe, es una expresión coloquial que decimos para detener algo o a alguien. Por lo acontecido en el Senado de la República la semana pasada, situación que podría repetirse en las próximas horas en San Lázaro, en Telecomunicaciones nuestro país dejó de ser (si es que alguna vez lo fue) la nación del mexican moment que tanto se auguró en el extranjero. Ha vuelto a reinar el México del “momentito”, el lugar donde para todo avance construimos un freno.

Los mismos actores que con unas reformas a la Constitución en materia de telecomunicaciones prometieron un cielo distinto, ahora produjeron un esperpento que especialistas no dudan en señalar como parcial (afectará a unos más que a otros), discrecional (la Secretaría de Gobernación mantendrá controles), violatorio de derechos humanos (por el acceso sin mandato judicial a nuestros datos, por la limitación a la radio comunitaria), que podría socavar al órgano regulador, etéterac.

En pocas palabras, le han nacido un montón de adjetivos negativos a lo que nos prometieron sería una legislación ejemplar. Volvimos al tiempo de las reformas posibles en lugar de las reformas necesarias. Lo que ha salido de la llamada Cámara alta no se ajusta a las expectativas que se plantearon en los primeros días de diciembre de 2012, cuando al nacer este gobierno y al anunciar el Pacto por México se prometió el fin del reinado de los poderes fácticos y el inicio de una era de competencia.

Recordemos esas promesas:

1 de diciembre, presidente Enrique Peña Nieto: “Es fundamental generar mayor competencia económica, particularmente en el sector de las telecomunicaciones. El objetivo es que todos los mexicanos tengamos acceso a productos y servicios de mayor calidad y a mejores precios”.

2 de diciembre, en la presentación del Pacto por México: Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong: “La creciente influencia de poderes fácticos, frecuentemente, reta la vida institucional del país y se constituye en un obstáculo para el cumplimiento de las funciones del Estado mexicano.

“La tarea del Estado y de sus instituciones, en esta circunstancia de la vida nacional, debe ser someter, con los instrumentos de la ley y en un ambiente de libertad, los intereses particulares que obstruyan el interés nacional”.

Gustavo Madero, presidente de Acción Nacional: “La falta de estas reformas afecta a los más débiles, a los más necesitados, y favorece a los intereses de los poderes fácticos, que no pueden ser sometidos, más que por un Estado democrático, fuerte y soberano.

“Los gobiernos del PAN (…) no contaron con un apoyo mayoritario para la aprobación de las grandes reformas estructurales.

“La falta de este respaldo ha derivado en la preservación del status quo y de los intereses de los poderes fácticos, que anteponen sus intereses por encima de los intereses generales de la población”.

Jesús Zambrano, presidente nacional de Partido de la Revolución Democrática: “Nos indigna que los poderes fácticos de todo tipo hayan doblegado una y otra vez a los gobiernos de uno y otro partido”.

Peña, Osorio, Madero y Zambrano cosecharon muchos aplausos cuando lanzaron los cohetes de las promesas al aire. Llegó el tiempo de levantar las varas. Lo que se está aprobando no está a la altura de lo prometido por quienes pretendieron romper la dinámica de la generación del no han fracasado. A la hora de la verdad, todo cambió para quedar más o menos igual. Todo menos la expectativa: ya no hay mexican moment, sólo un país al que si espera un cambio real hay que decirle, otra vez, “momentito”.