Opinión

El relanzamiento del Tratado de Libre Comercio

Hace poco más de 24 años, el entonces presidente Carlos Salinas acudió a la reunión del Foro Económico Mundial, en Davos. Era enero de 1990 y apenas unos meses atrás el mundo había cambiado tras el derrumbe del Muro de Berlín y el desplome de los regímenes socialistas de Europa del Este.

Cuenta el expresidente que por la noche del segundo día de actividades en Davos, al hacer un balance, llegó a una conclusión: tendría que modificar la estrategia de su administración ante ese nuevo entorno mundial.

Por la noche, fue a buscar a su habitación al entonces secretario de Comercio, Jaime Serra, y le instruyó a que aprovechara la presencia de los funcionarios del gobierno norteamericano en la localidad de los alpes suizos, para plantearles el interés de México de negociar un Tratado de Libre Comercio, como el que ya tenían con Canadá.

Lo anterior lo expresó Salinas en una entrevista que le realizó Enrique Cárdenas, quien dirige el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), y que ayer fue presentada en algunos de sus segmentos en la reunión organizada por el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales, “El TLC a 20 años de sus entrada en vigor”.

El CEEY prepara un trabajo de profundidad de historia económica contemporánea justo sobre el TLC.

Salinas recordaba en otra parte de la entrevista que la propuesta para que México se integrara al TLC provino directamente de George Bush, en una reunión en Houston celebrada en 1988, cuando él todavía era presidente electo.

En ese momento, Salinas rechazó la propuesta pues la estrategia comercial original era promover las negociaciones multilaterales, como la Ronda Uruguay del GATT.

En el seminario organizado por Comexi se mostraron datos que evidencian sin dudas que, tomados los 20 años en conjunto, el éxito del TLC como motor exportador es incuestionable.

En el último año previo al TLC se exportaron 44 mil 197 millones de dólares de productos no petroleros. El año pasado, su año 20, la cifra fue de 330 mil 610.

Esto significa una tasa anual media de 10.1 por ciento, una cifra que rebasa cualquier ritmo macroeconómico en México para un periodo tan largo.

En dólares corrientes, para hacer consistente la comparación, el PIB creció a un ritmo de 4.8 por ciento, menos de la mitad.

Sin embargo, una pregunta que flotó ayer en la discusión es: ¿por qué si las exportaciones fueron tan exitosas con el TLC, no tuvimos un crecimiento económico que se sincronizara con las exportaciones?

La respuesta es que una gran parte de la economía se quedó afuera.

No se lograron crear los eslabonamientos productivos adecuados para que el empuje de las empresas exportadoras –sobre todo en manufacturas- arrastrara a toda una cauda de proveedores de bienes y servicios.

En medio de lo exitoso de la estrategia exportadora no se puede perder de vista esa insuficiencia que existió.

Es importante aprender de ella porque el tema del relanzamiento del TLC y de un nuevo empuje hacia la integración económica de Norteamérica debe aprender de ese hecho.

La otra lección a aprender es que las coyunturas hay que aprovecharlas. El ritmo de crecimiento de las exportaciones en los primeros 10 años de TLC es muy diferente que los dos lustros que siguieron.

Las exportaciones no petroleras crecieron a un ritmo de 11.9 por ciento durante la primera década del TLC. La tasa fue de 9.9 por ciento en el siguiente lustro y de 6.3 por ciento en los pasados cinco años.

Hay claros rendimientos decrecientes del Tratado en términos de su capacidad para dinamizar las exportaciones.

Por eso hoy se requiere un relanzamiento, sí, pero que aprenda de las lecciones del pasado y permita que haya una mayor difusión a toda la economía de los efectos del crecimiento exportador.

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