Opinión

El regreso de 'La Gaviota'

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Revista Marie Clare Angélica Rivera (Tomada de Facebook oficial)

Angélica Rivera en el festejo del Día de las Madres. Angélica Rivera en la celebración del Día del Niño. Angélica Rivera en el Foro Económico Mundial Latinoamérica en Cancún. Angélica Rivera en la promulgación de la Ley de Autismo. Angélica Rivera en la ceremonia de Jura de Bandera de los cadetes de la Heroica Escuela Naval Militar. Angélica Rivera, la primera dama, ha vuelto a ser primera dama. Es la restauración de su imagen, y la reconstrucción del principal activo del presidente Peña Nieto. Un problema de Estado incipiente, en vías de solución.

Su protagonismo en los últimos meses fue distante, indómito, por fuera de los parámetros institucionales que alimentaba la percepción de conflicto en la casa presidencial, reflejado en la prensa política, como un problema. Frente a ello, el staff presidencial vio la necesidad de corregir el rumbo que seguían las cosas que, en términos de opinión pública, generarían un problema adicional, grave por tratarse de los asuntos privados del presidente, con amplia proclividad a dominar la agenda pública y de suma cero. La solución era recuperarla como activo del presidente.

La señora Rivera, de fama mundial por su larga carrera artística en telenovelas, de uno de cuyos papeles surgió el sobrenombre como el que la llaman popularmente, La Gaviota, era utilizado como recurso político de Peña Nieto mucho antes que alcanzara la candidatura presidencial. Ya como presidente electo, en una gira por América del Sur, las primeras planas de los periódicos dedicaron sus fotografías y titulares más grandes a ella, no al futuro mandatario mexicano, y cuando visitó México el presidente de China, su esposa, una cantante de música folclor, pidió que la señora Rivera la llevara a los foros de Televisa.

La señora Rivera era una embajadora sin portafolios. En la campaña presidencial actuó siempre con prudencia y sin protagonismos. “Toda una profesional”, dijo uno de los colaboradores cercanos de Peña Nieto. Como primera dama llevó el glamour a Los Pinos que nunca había tenido, y le abrió a Peña Nieto una puerta a las audiencias de masas. El éxito impidió ver excesos, como cuando abrió las puertas de su casa a las revistas Marie Claire y ¡Hola!, para espectaculares sesiones de fotografías.

Precisamente una de esas casas fotografiadas detonó una investigación periodística sobre la casa blanca. El tema se volvió viral porque quien hizo la operación inmobiliaria era Higa, la constructora propiedad de un empresario amigo del presidente, Juan Armando Hinojosa, con lo que afloró un conflicto de interés. Días antes el presidente había cancelado la licitación del tren rápido en donde Higa encabezaba un grupo de empresas donde sobresalía la paraestatal china. En el trayecto de Shanghai a Brisbane, rumbo a la reunión del
G-20, explotó el escándalo de la casa blanca.

¿Qué discutió el matrimonio en ese vuelo? Secretos de familia. Pero la primera dama no esperó y se fue al Jade Buddah, un antro de lujo en esa ciudad. En un portal de noticias australiano se publicó que la señora Rivera llegó poco después de haber aterrizado en Brisbane. “Es hermosa”, dijo Phil Hogan, copropietario del lugar. “¿Quién necesita a Obama cuando la más atractiva delegada nos ha hecho el honor de su presencia?”. Cuando regresaron a México, ninguno de los dos mostraban sonrisas ni cruzaban miradas.

Como control de daños de la casa blanca, el presidente la persuadió a defenderse sola, en un video de YouTube. No se sabe quién propuso tan desafortunada estrategia, que lo hizo parecer misógino y cobarde
–no salió a defenderse él, sino la mandó al matadero público–. Más aún, para una persona cuya carrera es la actuación, el uso de un video era un error por definición, y fue un búmeran: ella actuó y regañó a los YouTubidentes. Cierto o no, el fuego se alimentó con fuego.

Desde ese momento, la actitud de la señora Rivera cambió. Cada vez se le vio menos y menos tiempo con el presidente, y cada vez más y más sola en el extranjero con sus hijas. En febrero, un conductor de Univisión se la topó en un restaurante en Miami y tuvo un altercado con sus escoltas por tomarle fotografías. En abril, la señora Rivera se fue de compras con sus hijas a Rodeo Drive, la zona de tiendas exclusivas en Beverly Hills, donde siempre pululan los paparazis, que detonó otro escándalo. ¿Se había separado la pareja presidencial?

Si no era así, lo parecía. Desde Australia se vio que el Estado Mayor Presidencial no podía contenerla, y que el activo de Peña Nieto se había convertido en un riesgo que amenazaba con la desestabilización personal. No podía mantenerse en privado –como sucedió con varios presidentes que entraron en conflictos matrimoniales durante su mandato–, por lo visible y prominente de su esposa. La relación privada de los dos se convirtió en un asunto de Estado. La solución tenía que ser asumida plenamente como una estrategia de gobierno: recuperarla como activo político, como esposa, como primera dama. Si uno observa la página de Facebook del presidente, puede observar que desde hace varios días el mayor número de fotografías es de la señora Rivera. Viene de regreso la primera dama. Bajo qué condiciones, no se sabe. Pero una vez más, está junto al presidente, en todos los actos y en los momentos adecuados para la fotografía.

Twitter: @rivapa

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