Opinión

El regreso de la Fórmula Uno

El presidente Felipe Calderón, aficionado real a la Fórmula Uno, soñó que México volviera a formar parte del selecto grupo de países con fechas en el calendario de la máxima categoría del automovilismo
–laboratorio de pruebas de la industria automotriz–, pero no se atrevió a dar el paso. “Si el gobierno paga para que venga la Fórmula Uno, no me la voy a acabar”, dijo una vez durante una charla informal. Calderón se refería a que el costo que había que pagar al grupo que controla la empresa, de 70 millones de dólares sólo por incluir a México en el calendario, sería imposible de vender al país como una iniciativa que arrojaría una gran derrama económica y con beneficios incalculables en promoción de la marca país.

Calderón resentía que el sector privado no quisiera aportar recursos para el proyecto de regresar la Fórmula Uno a México, y en especial Carlos Slim, el único que había invertido ya en la categoría, al pagar al equipo Sauber cinco millones de dólares por un asiento para Sergio Pérez, además de inyectar millones más en la publicidad de Telmex y Telcel en los monoplazas del equipo, y publicidad por 20 millones de dólares anuales a Fox, que tiene los derechos de transmisión de la temporada. Pero Slim en aquel momento no quiso poner un peso.

A México se le fue una oportunidad porque las condiciones políticas y económicas no se le alinearon a Calderón. Pero este miércoles, con otra configuración, la secretaria de Turismo, Claudia Ruiz Massieu, y el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, anunciaron el regreso de la Fórmula Uno a partir de la temporada en 2015, y durante cinco años consecutivos, donde la ciudad de México será la anfitriona. Con una visión diferente de lo que significa la marca país, el gobierno de Enrique Peña Nieto pagó 360 millones de dólares por el quinquenio, y el de Mancera invertirá en la rehabilitación del autódromo “Hermanos Rodríguez” –nuevo trazado, tribunas, torre de control y podio de premiación–, que costará más de 100 millones de pesos.

Las primeras informaciones del regreso de la Fórmula Uno a México, después de 23 años de ausencia, desataron críticas sobre el porqué un país con tanta pobreza, se embarca en una iniciativa de esa naturaleza, sobre la base del estereotipo que es solamente para las élites. Nada más equivocado. La economía de la Fórmula Uno da ganancias inmediatas al grupo Formula One Holding, que controla el cacique de la categoría Bernie Ecclestone, porque los derechos de televisión y toda la publicidad dentro de los circuitos son para esa empresa. El país y la ciudad se quedan con las ganancias por la venta de boletos, nada despreciable si el promedio de espectadores es de 100 mil, de los cuales cerca de cinco mil boletos cuestan de mil a ocho mil dólares. Pero el negocio para los anfitriones no está ahí.

El Gran Premio de las Américas, que se celebra en Austin desde hace dos años, por ejemplo, atrae durante el fin de semana largo de la carrera a unas 175 mil personas, de las que se estima que 80 por ciento llegan de fuera de Texas –los organizadores calculan que 40 por ciento son mexicanos–, que gastan mil 500 dólares promedio durante su estancia de cuatro días. En la primer carrera realizada en 2012, los hoteles tuvieron una ocupación de 97.8 por ciento, y las utilidades fueron de 32 millones de dólares, un incremento de 300 por ciento con el año previo que no hubo carrera.

En Singapur, que tiene uno de los circuitos más espectaculares de la Fórmula Uno, el incremento de vuelos que llegan para el fin de semana de la carrera es de 12 por ciento, y la derrama económica es de 120 millones de dólares. En Malasia, el turismo se incrementó 300 por ciento con el Gran Premio, y Bahréin, uno de los emiratos árabes, tiene en el fin de semana de la Fórmula Uno su mejor derrama económica del año. Para algunas naciones, tener una carrera de Fórmula Uno ha sido una estrategia para asociarse con las naciones más avanzadas. India, que es joven en los circuitos de la máxima categoría, y Rusia, que ingresa este año, utilizan a la Fórmula Uno como plataforma de promoción internacional.

La Fórmula Uno es seguida por más de 520 millones de personas en 187 países, y cada carrera tiene unos 30 millones de televidentes, que la convierte en el evento deportivo más visto en el mundo. La marca país y de la ciudad anfitriona están ininterrumpidamente durante las dos horas máximas de carrera y la hora previa al evento. Se calcula que el equivalente de tres horas de cobertura equivale a 200 millones de dólares en publicidad comercial.

Calderón no estaba mal en querer materializar su sueño, pero su entorno económico y sociopolítico no se lo permitía. Peña Nieto tiene uno diferente y, además, Mancera es el aliado que Calderón nunca tuvo con Marcelo Ebrard. La apuesta de regresar la Fórmula Uno a México es una suma donde todos ganan, en derrama económica, empleo, turismo, inversión, y la marca de México, el único de los países emergentes y de las economías con futuro que no tenía, hasta ahora, su carrera de Fórmula Uno.