Opinión

El quinto poder

Desde que durante la Revolución Francesa se añadió a los tres poderes –la nobleza, la Iglesia y el pueblo– uno cuarto –la prensa–, los medios de comunicación han estado en el imaginario colectivo como un verdadero poder omnipotente. En un sistema democrático, los medios crean la esfera pública que, como definiera Jürgen Habermas, sirve de arena para el debate entre gobernantes y gobernados. En países con instituciones débiles que tienen en construcción el modelo democrático, los medios han rebasado esos límites y se han convertido de meros registros de hechos, en moduladores de la realidad y alteradores, en muchos momentos, de la verdad. Sin embargo, en los últimos años, casi en el reciente inmediato, ha surgido un nuevo poder, el quinto, que se anida en las redes sociales y que determinan qué es lo cierto, sin importar que sea falso. En algunos casos, se abusa de los otros poderes; en otros, donde lo factual se convierte en veneno, se llega a morir por difundir lo que pasa.

Esta semana en México tuvimos los dos botones que muestran las antípodas del valor de las redes sociales, sus alcances y sus consecuencias. A principio de la semana, tras casi 20 días de difusión en Vimeo de una serie de grabaciones que insinuaban corrupción del oficial mayor del gobierno del Distrito Federal, Édgar González Rojas, presentó su renuncia para “atender los diversos requerimientos y procesos relacionados con informaciones difundidas” en una cuenta anónima. No había prueba alguna de corrupción pero no importó. La percepción creada en las redes sociales, que se trasladó como si fuera información factual al cuarto poder, dejado en la manipulación sin buscar corroboración independiente, aniquiló una carrera política.

Este jueves, la nación se horrorizó porque una mujer que utilizó Twitter para sumarse a la red de ciudadanos que alimentaban las cuentas de Facebook y Twitter de Responsabilidad por Tamaulipas y Valor por Tamaulipas, que durante varios años se han dedicado a difundir información sobre las actividades del narcotráfico y buscar la concientización de la nación y provocar la acción incansable del gobierno federal en contra de los cárteles de la droga, fue asesinada. Sus verdugos la ubicaron y la asesinaron. Luego hackearon su cuenta de Twitter, “Miut3” –que ya está suspendida–, y a través de ella difundieron su fotografía acribillada y mensajes intimidatorios para todos.

Sus asesinos utilizaron el hashtag –que es como se crean grupos dentro de las redes sociales– #reynosafollow para escribir desde su cuenta: “Amigos y Familia, mi nombre real es María del Rosario Fuentes Rubio. Soy doctora y ahora mi vida llegó a su fin”. Uno posterior, amenazaba: “NO tengo más que decir excepto que no cometan el mismo error que yo cometí. No gané nada. Al contrario. HOY ME DÍ CUENTA DE ESO... Me encontré con la muerte y nada cambió”.

Los verdugos de la doctora Fuentes Rubio se equivocaron. Su trabajo como periodista ciudadana y el de muchos otros tamaulipecos que decidieron poner en riesgo su vida y rechazar la subordinación de los cárteles de las drogas a partir de informar sobre sus acciones criminales y luchar para no permitir que siguieran controlando conductas y patrones de los ciudadanos en el estado, no fue en balde. A través de Responsabilidad por Tamaulipas y Valor por Tamaulipas se levantaron ventanas de denuncia que obligó a las autoridades a no ser omisas. El trabajo sistemático, persistente y valiente, llevó a los criminales a buscar silenciarlos. Otro mensaje a través de la cuenta “Miut3”, después de ser secuestrada y asesinada en Reynosa, advertía: “@Bandolera7 @civilarmado_mx @ValorTamaulipas. ¡Cierren sus cuentas! No arriesguen su seguridad y la de sus familias como yo lo hice. Les pido perdón. Encontré la muerte por nada. Estamos más cerca de lo que ustedes creen”. Los mensajes de los narcotraficantes no son de valor sino de miedo. Sólo se acalla por la fuerza a quienes los denuncian, cuando en la batalla por las ideas, los están venciendo. Y las ideas son más fuertes que las balas.

El caso del exoficial mayor del gobierno de la ciudad de México se encuentra en el otro extremo del uso de las redes sociales. El del abuso artero que aprovecha la docilidad de medios convencionales hambrientos de escándalo y sangre, para destrozar vidas a través de insinuaciones, rumores y acusaciones infundadas. González Rojas fue acusado de supuesta corrupción mediante una serie de videos publicados por “Anonymous” –que como su nombre genérico lo indica, es anónimo– desde el 26 de septiembre pasado, a través de la red Vimeo y transmitidos por Twitter.

En el primero lo acusaron de realizar la compra de 10 mil llantas con un sobreprecio de 30 por ciento encima de su valor, lo que pese a carecer de prueba alguna, motivó una investigación de la Contraloría General capitalina que reaccionó ante el traslado de la denuncia a los medios convencionales. En el segundo, un supuesto colaborador precisa que la licitación de llantas se hizo a una sola empresa, mientras que su interlocutor responde que varias partidas quedaron desiertas para asignarlas de manera directa a otra compañía. Una vez más, la bala de plata fue inexistente. En el tercero, se escucha a un supuesto proveedor que implica a dos cercanos de González Rojas sobre la compra excesiva de café, servilletas y otros enseres, por 450 mil pesos. Un cuarto se refiere a la utilización de licitaciones compuestas para evitar que sean identificadas por las autoridades. En el quinto, se sugiere que el oficial mayor viajó a Las Vegas para gastar el dinero mal habido.

Ya no aguantó un sexto. Presentó su renuncia y salió del gobierno capitalino junto con todo su equipo. Las autoridades no han encontrado pruebas de actos de corrupción pero no importa. Para la opinión pública es culpable por corrupto. El discurso de odio que predomina en las redes sociales se apoderó de él, y temas tan atractivos para los medios convencionales como la corrupción, fueron tomados libertinamente sin verificar nada para contribuir en sepultarlo. Por las razones contrarias al trabajo de la doctora Fuentes Rubio, González Rojas también fue eliminado de su trabajo.

Twitter: @rivapa