Opinión

El problema con las dinastías

Un número de gente me ha pedido que comente algo sobre la reciente defensa que hizo Greg Mankiw en The New York Times a la riqueza heredada. Es un artículo extraño, raramente desconectado de las inquietudes reales respecto del capitalismo patrimonial. Pero permítanme enfocarme en dos problemas clave con el análisis del Sr. Mankiw. Uno puramente económico y otro que conlleva economía política.

Entonces, por el lado económico: el Sr. Mankiw sostiene que la acumulación de la riqueza dinástica es buena para todos porque incrementa el stock de capital y, por tanto, gotea a los trabajadores en forma de mayores salarios. ¿Es un buen argumento?

Bueno, si hay algo en lo que creía, era que los economistas estaban bien capacitados para ser claros sobre el costo de oportunidad. Deberíamos comparar la acumulación de riqueza dinástica con algún uso alternativo de los recursos, no asumir, como en efecto lo hace el Sr. Mankiw, que de no ser pasada a los herederos esa riqueza simplemente desaparecería. Tal vez esté asumiendo que la alternativa sería una vida desenfrenada de la gente actualmente rica, pero eso no es una alternativa de política.

De hecho, de lo que realmente estamos hablando aquí es del impuesto a la riqueza, y la cuestión es qué sucedería a ese ingreso versus qué pasa si los ricos se quedan con el dinero. Si el gobierno usa los ingresos adicionales para reducir los déficit, entonces todo se ahorra; al contrario, si es pasada a los herederos, sólo una parte se ahorra. Si el gobierno usa el ingreso para pagar seguro social y/o bienes públicos, eso probablemente aportará más beneficios a los trabajadores que el goteo del aumento de capital.

El punto es que los partidarios sólo pueden justificar la afirmación del Sr. Mankiw, de que la riqueza heredada es necesariamente buena para los trabajadores, insistiendo en que el gobierno no haría nada útil con el ingreso de los impuestos a la herencia. Diría que es asumir conclusiones, En cualquiera de los casos, es una afirmación que merece hacerse abiertamente, no ser deslizada con el engaño de que simplemente está haciendo un análisis económico.

Pero la crítica más grande al artículo de Mankiw es que ignora el motivo principal por el que nos preocupa la concentración de riqueza en las dinastías familiares: la creencia de que deforma nuestra economía política, que socava la democracia. No hay que ser radical para compartir esta inquietud. No sólo gente como Theodore Roosevelt habló de este problema, también lo hizo Irving Fisher (tal como lo señaló el economista Thomas Piketty) en su discurso presidencial ante la Asociación Económica Estadounidense en 1919.

Lo curioso es que los economistas conservadores estén bien conscientes del peligro de la “captura del regulador”, donde las instituciones públicas son secuestradas por intereses creados, pero descarten alegremente (o incluso se nieguen a mencionar) el problema esencialmente equivalente de que las instituciones democráticas sean secuestradas por la riqueza concentrada. Me tomo muy en serio la “captura del regulador”; pero tomo con la misma gravedad la captura plutocrática. Y no es un tema que se pueda manejar afirmando que los beneficios de la acumulación de capital goteen a los trabajadores.

Si el Sr. Mankiw quiere sostener que los costos de cualquier intento por limitar la concentración de riqueza superarían los beneficios, bueno. Pero “más capital es bueno” no es un aporte útil para la discusión.