Opinión

El PRI y la corrupción,
ver para creer

  
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consejo del pri

La maquinaria tricolor se ha echado a andar. Con la sincronía que alguna vez le hizo famosa, el domingo coincidieron a la perfección dos mensajes. En el PRI, el presidente de la República llamó a combatir la corrupción. Al mismo tiempo, el senador Emilio Gamboa Patrón anunciaba que los priistas de la Cámara alta están listos para nombrar el fiscal anticorrupción.

Domingo redondo para los que creen que las viejas formas funcionarán en los tiempos nuevos.

Mensajes que, sin embargo, serán retórica sin trascendencia, palabras sin futuro luego de cuatro años de una administración que ha desdeñado cualquier cosa parecida a una verdadera cultura de la rendición de cuentas.

El sexenio del presidente Enrique Peña Nieto tiene en casos aislados, marginales, las pocas cuentas que se le han caído al rosario de la impunidad que han caracterizado a los dos primeros tercios de la administración.

En algún lugar (dentro del erario) debe estar rumiando su frustración Humberto Benítez Treviño, quien se cayó de la administración federal por el ruido que provocó un desplante de su hija en un restaurante capitalino, al que amenazó con mandar clausurar.

Por ese incidente Benítez dejó la Profeco al inicio del sexenio. El siguiente defenestrado fue David Korenfeld, de la Conagua, por usar como suyo un helicóptero de esa dependencia, y hace unas pocas semanas cayó otro funcionario, Jorge Humberto López Portillo, exdirector de la Exportadora de Sal, por presuntas irregularidades. Y párenle de contar.(*) 

En el país que lleva cuatro años discutiendo sobre corrupción esos son los casos más sonados entre las filas del PRI.

Por supuesto, en el frente de los azules tenemos la detención de Guillermo Padrés, cuyo proceso judicial no vive sino un prólogo cuyo desenlace es de pronóstico reservado.

Y mención aparte merece desde luego el caso de la maestra Elba Esther Gordillo. Sin descontar temas de corrupción, la maestra podría tener cuentas qué rendir, ¿alguien duda que en su caso lo que causó la caída de la lideresa sindical fue un tema político antes que judicial? ¿Es un castigo por el desafío al presidente o una legítima vocación de justicia? Si fuera lo segundo, no habría sido para nada la única cabeza sindical que habría rodado.

Por todo ello, el mensaje del domingo del presidente Peña Nieto, secundado por Enrique Ochoa, sólo servirá si esas palabras se traducen en la captura de los peces gordos, figuras que además son vistas como causantes directas de las derrotas priistas tanto en las elecciones de 2015 como en las de 2016.

¿Está decidido el PRI a investigar desde la PGR e instancias como la Secretaría de Hacienda los abusos y despilfarros de los gobiernos de Veracruz, Chihuahua, Quintana Roo, Nuevo León, Coahuila, Tamaulipas, Colima, Durango?

Las pesquisas federales por supuesto deben incluir a las administraciones no priistas como las salientes de Puebla, Sinaloa y Oaxaca, pero si la ciudadanía no advierte que los priistas ponen la muestra en las entidades donde los electores les echaron del poder, de nada van a servir ni los discursos de Peña ni las prisas de Gamboa Patrón.

El final de un sexenio no es el tiempo para las palabras.

(*) No incluí en este recuento al exgobernador de Michoacán, Jesús Reyna, acusado por supuestas ligas con criminales, cuya detención contrasta con la libertad que se decretó al hijo de Fausto Vallejo, Rodrigo Vallejo, protagonista de videos donde bebía con el autonombrado narcotraficante Servando Gómez La Tuta. Y lo mismo se puede señalar del chivo expiatorio Andrés Granier, proceso que no ha significado justicia para los tabasqueños.

Twitter: @salcamarena

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