Opinión

El PRI y el Verde no quieren

 
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  [El Pleno del Senado avaló ayer la reforma política para dar paso a la discusión de la iniciativa energética./Cuartoscuro]  

Los señores legisladores del PRI y el Verde no quieren. Se rehúsan mediante artimañas y vericuetos, a enfrentar bajo las premisas de “Parlamento abierto”, la discusión clara, franca y transparente en torno a la Ley Anticorrupción.

Durante esta semana que concluye mañana, los señores representantes de las bancadas del PRI y del Verde en el Senado han evitado, evadido, se han escurrido para presentar su posicionamiento respecto al vital andamiaje para estructurar el Sistema Nacional Anticorrupción. Quedaron formalmente con sus colegas del PAN y del PRD de exponer sus argumentos, esgrimir las razones por las cuales, reservaron artículos y objeciones. Los plantaron. Pidieron prórrogas y extensiones. Necesitaban, dijeron, revisar bien los artículos para plantear sus salvedades.

A estas alturas, con el reloj en contra, con una extendida corriente social encabezada por múltiples organizaciones de la sociedad civil, el tema es impostergable. México exige, articular y poner en marcha de inmediato, no en el 2018, no al término de esta administración, sino este mismo año, el sistema en su conjunto.

Que sí es imprescindible tener a la figura perfilada o incluso a la persona que ocupará la nueva fiscalía, es un argumento frecuente entre los legisladores. Que si revelar en la 3/3 no sólo la declaración fiscal, la de intereses sino también la patrimonial, pudiera poner en riesgo la seguridad de los servidores públicos frente a la criminalidad. Pamplinas. Todos argumentos dilatorios y evasivos.

¿Por qué no quieren? Porque finalmente, después de décadas y enciclopedias completas sobre el extenso, complejo y virulento problema de la corrupción, iniciaríamos con la implementación de este sistema, para estructurar un mecanismo real de check and balance” como dirían los norteamericanos. Es decir, una auténtica herramienta para rendir cuentas, al tiempo que se vigilan las mil formas en que los muy dignos servidores públicos no engrosan sus abultadas cuentas, patrimonios, empresas y propiedades. No quieren ser vigilados, no quieren entregar cuentas y someterse a un mecanismo legal que les exija demostrar que sus haberes al inicio de su periodo, es razonablemente el mismo al término.

¿Cómo explicaría un diputado federal o local que en su declaración patrimonial reportara 3 ranchos 6 vehículos, obras de arte y joyas por montos de dos o tres millones de dólares? Especialmente cuando ha trabajado como servidor público por 15 o 20 años. Resulta inexplicable.

Los señores del PRI y su apéndice el Verde, no quieren aprobar, ni siquiera discutir el tema, porque carecen de argumentos sólidos, porque lamentablemente, son lo mismo de siempre.

Los campeones de la causa debieran ser los diputados, esos mismos senadores, que prometieron en campañas austeridad y honradez, acusaron a políticos corruptos –cualesquiera que ellos sean- y juraron comportarse distinto. ¿Y luego? Todos acaban pareciéndose.

El Verde surgió como una fuerza política de oposición al PRI, a un régimen corrupto, autoritario, deshonesto que gobernó este país hasta el año 2000.

El nuevo PRI que esta administración y equipo de gobierno han presumido incansablemente, se parece tanto al viejo que se vale de estilos, discursos y lenguajes semejantes. Aunque claro, antes privaba el cinismo rampante, y ahora se cuidan las formas.

El Verde perdió el camino, rompió con su origen y se convirtió en un excelente negocio al sumarse en alianza y estrategia al PRI, mientras que el viejo dinosaurio que pretende renovarse, reinventarse, termina tropezándose con su cola.

De no ser por las elecciones estatales en puerta -5 de junio- los priístas hubieran pospuesto indefinidamente el debate y la aprobación de las secundarias anticorrupción. El problema para ellos, es que hoy existe en México una sociedad mucho más consciente y organizada, que debate, que argumenta, que exige y que –muy especialmente- exhibe. ¿Quién quiere ser exhibido?

¿Qué le parece el ilustre diputado Bernardo Quezada –Panal– con sus 8 departamentos en Miami por un monto superior a los 8 millones de dólares? ¡Y era maestro! ¿Verdad que no cuadra?

El SNA no será la panacea, no será la varita mágica que modifique la cultura corrupta del servidor público y del político, pero será el inicio de un conjunto de herramientas que limiten, contengan y sancionen con penas esas conductas.

Que todo México los vea y los señale; que todos los electores se enteren de que no quieren aprobar las leyes necesarias. Veamos qué sucede.

Twitter:@LKourchenko

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