Opinión

El PRI: ese conservador ni tan de clóset

   
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Enrique Peña Nieto

Con la mano izquierda, el Partido Revolucionario Institucional reclama la anulación de las elecciones para la gubernatura de Aguascalientes. Sí, esa del pasado 5 de junio. La intervención del clero en los comicios es inaceptable, alega el tricolor, y por tanto el triunfo del PAN –apuntalado por el abierto rechazo de las sotanas a una iniciativa presidencial sobre matrimonio igualitario– debería cancelarse.

Con la mano derecha, por el contrario, la maquinaría priista oficializó la semana pasada en San Lázaro que la iniciativa del presidente Enrique Peña Nieto –quien en mayo pidió al Congreso que legislara para que las parejas del mismo sexo gocen de plenos derechos–, duerme el sueño de los justos en el sobresaturado limbo legislativo.

O sea, el PRI está por el Estado laico cuando le conviene –para revertir el apretado triunfo del panista Martín Orozco–, y por el Estado confesional cuando se da cuenta de dos cosas: 1) de que quién sabe de dónde demonios Peña Nieto sacó que era buena idea andar de progre con la bandera gay si todo lo que importa en el panorama es no perder elecciones, y 2) de que en los hechos ellos, los tricolores, son reaccionarios.

El partido de Plutarco Elías Calles va de la mano con el PAN en la llamada cultura a favor de la vida. Eso ha quedado demostrado en cuanta legislatura estatal se ha debatido (es un decir, porque casi siempre se impone sin más el mayoriteo) el tema del aborto desde 2008.

Desde ese año, en Chiapas, Colima, Durango, Nayarit, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo, Sonora, Yucatán y Veracruz el PRI hizo valer su mayoría en los Congresos de esos estados para “proteger la vida desde la concepción”.

Y en su momento, en estados donde el tricolor no era mayoría –Baja California, Guanajuato, Jalisco, San Luis Potosí, Morelos y Querétaro– el PRI también apoyó medidas en contra del aborto (algunos de estos números los tomé de GIRE).

Con ese historial a cuentas, con un presidente surgido de la conservadora Universidad Panamericana, resultó sorpresivo que en mayo Enrique Peña Nieto lanzara medidas a favor del matrimonio igualitario.

Esa decisión, un avance a todas luces, hoy es visto como uno de los factores que incidieron en la derrota priista el 5 de junio; y en Aguascalientes como el factor, de cuatro reclamados por el PRI ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que podría llevar, cuando menos, a nuevos comicios.

Así que el PRI de Enrique Ochoa hará malabares (nada nuevo) para por un lado poner la cara juarista y por el otro ser la derecha en el tema gay.

El problema es que las propuestas de Peña Nieto en esta materia –de las que nadie ha podido saber su exacta autoría– han provocado un rompimiento en la tradicionalmente buena relación entre el mexiquense y la Iglesia.

Al punto de que, como se sabe, la jerarquía católica ha convocado a marchar nacionalmente para hacerle sentir su peso al gobierno.

Malos tiempos para los derechos en México si hay una administración cuyo partido quiere usar a conveniencia el laicismo.

Si salieran del clóset y nos dijeran que ya son francamente de derechas, sabríamos a qué atenernos. Pero no, prefieren la simulación. Votan en los estados “a favor de la vida”, nada quieren saber en el Congreso sobre el matrimonio gay, pero pretenden ser los laicos del Bajío.

No se puede todo. Por lo mismo, el clero que ellos consintieron, ahora se les echará encima. Y nada como un viejo amigo para meterte en apuros.



Twitter: @SalCamarena

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