Opinión

Presupuesto rural de
base cero, por un
campo sin pobreza

 
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Campo

El mes próximo la nueva Cámara de Diputados entrará en funciones y con ello la discusión del paquete económico para 2016. Este año será especial se discutirá un nuevo enfoque de base cero que anuncia un cambio estructural y no un simple recorte presupuestal. Supuestamente el presupuesto se asignará sólo a aquéllos programas que tienen impacto social, es decir, los que hagan un uso de los recursos públicos con los mayores beneficios para la sociedad y la economía en su conjunto.

El pasado 30 de junio la Secretaría de Hacienda y Crédito Público entregó a la Cámara de Diputados la programación presupuestaria, en la cual se incorporan todos los programas, proyectos y acciones que tendrán una asignación de recursos en el paquete económico. Sobre esta programación, la autoridad informa que se hizo un análisis a fin de eliminar, fusionar, resectorizar o crear programas, con lo cual, se pone la primera piedra de lo que será el Presupuesto Base Cero.

Ante el evidente fracaso de la política social para reducir la pobreza concentrada en zonas rurales se requiere una nueva orientación de la inversión pública, la discusión de PEC Base Cero no puede ser una simple integración cosmética de programas, no se puede hacer en tres meses y menos de espaldas a la sociedad. Se requiere iniciar y sostener un proceso de cambio en los programas y políticas públicas de fomento económico, enfocados a democratizar la productividad, generar empleo y reducir la pobreza en el campo. Menos programas, mayor cobertura y enfoque productivo para salir de la pobreza. Este cambio implica también una profunda reforma institucional, un cambio en los incentivos a campesinos, organizaciones y empresas, así como una nueva cultura organizacional y política de la relación Estado-Campesinos. Existe plena coincidencia entre los expertos en que esto no puede darse de un ejercicio fiscal a otro, pero más allá, no podrá hacerse seriamente sin un diálogo abierto con los agentes y participantes de este sector, las organizaciones agrarias y campesinas, los académicos y los productores, porque el PEF Base Cero debe contener un enfoque a la productividad y en proyectos de alta rentabilidad social.

El proyecto presentado por la SHCP propone una simplificación administrativa al compactar algunos programas que, de por sí, se asignan en función de cuotas políticas pero deja intocados los presupuestos a los programas más concentradores y regresivos del campo: Procampo-Proagro, Progan, Apoyos a la Comercialización entre otros. La limitación de Procampo a un máximo de 20 hectáreas, reducir los subsidios ganaderos de 500 a 50 cabezas y dejar de subsidiar a comercializadores y trasnacionales introduciendo competencia en el mercado; pero sobre todo un amplio y masivo programa de fomento a la agricultura familiar y campesina, son algunas de las propuestas de expertos y coincidentemente demandas de organizaciones campesinas.

De manera que si no se hace una reformulación integral del Programa Especial Concurrente para el Campo (PEC), a partir de la cual se rompa de tajo con el sesgo regresivo de los subsidios, la política seguirá siendo inercial, inefectiva y el campo seguirá ensanchando sus brechas de productividad, desigualdad y pobreza.

Para revertir el sesgo, se necesita un programa que atienda a la agricultura familiar campesina a partir de una estrategia de desarrollo territorial, lo cual implica hacer mucha inversión en capacitación, organización campesina y esfuerzo para que concurra el acceso a servicios financieros, conservación y restauración ambiental, infraestructura y apoyos a la comercialización.

Por otra parte, los grandes apoyos a la comercialización, infraestructura hidroagrícola y coberturas de precio han mantenido la productividad y competencia de las empresas agro exportadoras, pero no han servido para que éstas incrementen su competitividad. En cambio estos recursos sí han tenido un alto costo al no ser asignados a la pequeña y mediana agricultura justamente porque ésta no puede salir de su medianía al no tener infraestructura ni mecanismos para comercializar y mantenerse en el mercado frente a vaivenes de precios. Por estos motivos se debe reorientar el presupuesto para comercialización adaptándose a las condiciones actuales de la mediana agricultura para que en el mediano plazo pueda ser la principal productora de alimentos del país, así como fuente de empleo e ingreso para millones de campesinos que actualmente están condenados a subsidios asistenciales que les permiten administrar su pobreza.

Hay un sinnúmero de aspectos que se deben reformular para tener un campo incluyente; este proceso no será fácil pero definitivamente es el único camino, nadie quiere perder sus privilegios, ni la comodidad, pero el campo lo necesita, los recursos cada día serán más limitados y la desigualdad extrema en el campo nos ha rebasado como sociedad.

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