Opinión

El Presupuesto, Carmen Salinas y la Britney señal

1
   

   

Carmen Salinas

El otro día me fueron referidos detalles sobre lo que deberíamos entender cuando el gobierno habla de austeridad.

A lo largo de 2015, en prestigiados institutos de investigación han venido cancelando insumos para experimentos (literal, les piden limitarse a priori a ciertos reactivos y no más; vaya forma de hacer ciencia), redujeron al máximo la posibilidad de enrolar becarios (que al ayudar aprenden), y los investigadores ya no cuentan con apoyo para asistir a congresos, nacionales o extranjeros, a discutir sus hallazgos. Por obvias razones, me reservo los datos concretos de esas instituciones.

Igualmente grave es la noticia, no suficientemente discutida por la opinión pública, de que alegando cuestiones presupuestarias el gobierno mexicano ha decidido que a los niños mexicanos que nazcan en el sector salud ya no se les hará la prueba del tamizaje neonatal ampliado que sirve para detectar, de manera oportuna, posibles enfermedades (http://bit.ly/1JhUHii).

El presidente Enrique Peña Nieto cree que es preferible dejar a su suerte a cientos de miles de bebés (nacen dos millones al año) antes que cancelar, por ejemplo, recursos para la propaganda gubernamental.

Pero no sólo hay que culpar al Ejecutivo. En este asunto es igual o más responsable el Poder Legislativo.

En días recientes hubo una polémica porque Carmen Salinas mandó a sus críticos a meterse el dedo (publicó imágenes de ello). Cuando digo a “sus críticos” me refiero a ciudadanos que tuvieron la idea de plantear en Change.org (lleva casi 200 mil firmas http://chn.ge/1M4fj29) que se expulse de San Lázaro a la señora Salinas.

Por tres razones me parece inadecuada esa petición. La primera es que siempre suena raro que gente que se identificaría como demócrata quiera suprimir un derecho de alguien que, guste o no, ocupa legítimamente una curul. La segunda es que no me parece que nadie debería sorprenderse si quien hizo grande (es un decir) al llamado cine de ficheras contesta con un florido “no la hagan de pedo” cuando se le pide explicar cuáles son sus iniciativas para reformas legales. Y, tercera, porque precisamente creo que la actriz está cumpliendo el papel que el PRI ideó al hacerla diputada: distraer, para que no sean abordados temas sustanciales, como el de las irracionalidades del Presupuesto.

En La Biblia, ese libro que Peña Nieto dice que sí leyó, se habrían quedado con el ojo cuadrado al ver que el gobierno federal envió un Presupuesto menor al del año pasado y que, en vez de escuchar el crujir de dientes, nadie ha protestado mayor cosa. Es como si hubieran reeditado una especie de multiplicación de los panes. Pero nada más lejano a la realidad.

No se oye el crujir de los dientes porque los sectores con poder no han sido tocados. Es decir, la merma es o inexistente o insignificante para el Congreso y los partidos. Pero en otros niveles, y mientras los líderes parlamentarios nos ofrecen limosna (renunciar a una camioneta aquí, a unos celulares allá, a unos seguros de gastos médicos acullá, etcétera), los investigadores ya no pueden experimentar y a los niños no se les podrá tratar enfermedades de manera preventiva. O sea, las prioridades exactamente al revés de lo que dicta el sentido común.

Así que según yo no vale la pena gastar energías pidiendo que uno de los bufones de nuestra Corte sea expulsado de San Lázaro. No es ella la grosera, es el sistema el que, cuando se le exige rendición de cuentas y responsabilidad, nos manda a meternos el… Bueno, no hace falta rebajarse al nivel de Carmen Salinas. Ustedes ya entendieron.

Twitter: @SalCamarena

También te puede interesar:
Miguel Mancera, gestión a medias
OHL, ese 'Watergate' que se niegan a aceptar
Escobar: los riesgos de un nombramiento (y II)