Opinión

El presupuesto base cero

 
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dinero peso billetes (Cuartoscuro/Archivo)

César Velázquez Guadarrama.

Coordinador de la maestría en Políticas Públicas de la Universidad Iberoamericana.

Hace algunos meses la SHCP anunció con bombo y platillo que para el año 2016 tendríamos un Presupuesto Base Cero (PBC). Como es bien sabido, el PBC inició en la iniciativa privada en la empresa Texas Instruments y tuvo un gran periodo de fama dentro del sector público en la década de los 70s del siglo pasado gracias a que Jimmy Carter lo introdujo primero al Estado de Georgia cuando fue gobernador y luego al gobierno federal ya como Presidente de los Estados Unidos.

El PBC es un método presupuestal que implica justificar cada año la totalidad de las peticiones presupuestales desde el principio, es decir desde cero. En este sentido, es una excelente idea que se quiera transformar de manera radical en qué y cómo gastamos los recursos públicos dado que hay un consenso en que el presupuesto actual, que es en gran medida inercial, presenta enormes áreas de oportunidad por decir lo menos. Sin embargo hay algunos elementos que son necesarios considerar.

El primero de ellos es que su implementación no es fácil. El principal problema es que se requiere una gran cantidad de información y de tiempo para elaborar lo que se denominan los “paquetes de decisión” que son documentos que identifican diferentes niveles de los bienes y servicios que produce cada área así como sus costos y su posible impacto en la población. A través de la comparación de los diferentes paquetes de decisión es que se decide el presupuesto. Entre más paquetes de decisión se realizan más costosa la implementación del PBC, pero si se producen muy pocos no se cuenta con la información necesaria para tomar una decisión acertada. Otro problema aunado a los paquetes de decisión es que ninguna área va a elaborar un paquete en el que diga que esa área puede ser eliminada o que puede funcionar con menos recursos.

El segundo es que no es necesariamente cierto que el PBC garantiza romper con las inercias. La razón es que ante la falta de información, el presupuesto pasado se vuelve una fácil e importante fuente de la misma. Además, los grupos de presión no desaparecen por arte de magia con la introducción del PBC y hay que considerar que puede haber gastos que al estar determinados por una ley –como las pensiones o las cutas de seguridad social- no pueden desaparecer o disminuir. Un artículo académico que analiza el PBC para el estado de Georgia, mostró que después de 5 años de implementarlo, la correlación entre el gasto del primer y quinto año de los distintos departamentos y agencias fue de 0.97.

En este sentido es muy importante conocer más sobre la forma en que el gobierno federal piensa implementar el PBC. ¿Cómo se van a formar los paquetes de decisión? ¿Habrá paquetes de decisión? ¿Cuántos paquetes de decisión tendrá que elaborar cada unidad responsable? ¿Quién va a realizar, y con qué metodología, la estimación de los beneficios de bienes que no tienen valor de mercado como la salud o el tiempo de traslado al trabajo? ¿Cuál va a ser el rol de la SHCP frente al resto de las secretarías y organismos públicos? ¿Cómo se va a relacionar el PBC con el Presupuesto Basado en resultados (PBR) que se ha venido utilizando en los últimos años y que está establecido en gran parte de la legislación presupuestal? ¿Cómo aprovechar el gran trabajo que ha hecho CONEVAL en evaluar programas sociales?

Estas preguntas no son triviales y su discusión abierta debería ser una obligación del gobierno federal. No sólo porque a través de un mayor debate se llega a mejores resultados sino también porque aumentaría la legitimidad de los mismos.

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