Opinión

El presupuesto base cero no funciona sin cambio de mentalidad

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500 pesos

La lógica de un presupuesto base cero es que exige que cada entidad que quiere gastar, justifique ese gasto. Exige también ordenar cada posible erogación de acuerdo a su prioridad. Se dice que los costos son como las uñas, requieren de ser constantemente cortados. Eso es más evidente cuando se trata de gasto público, pues el incentivo a gastar es infinito y el beneficio de ahorrar no es suficientemente inmediato.

En una empresa se evalúa el desempeño de la gerencia con base en los resultados obtenidos. Se busca maximizar la diferencia entre el ingreso y el gasto, obligando a cierta disciplina antes de realizar cada desembolso. Pero, también influye en los criterios de inversión, provocando que se busque alcanzar la mayor rentabilidad posible sobre los recursos invertidos. Exige también que se elija qué proyecto es prioritario, ante la certeza de que los recursos a invertir son, por definición, escasos. Sin embargo, un gobierno busca gastar tanto como sea posible, pues su gasto es el ingreso de alguien más, quien quedará agradecido por éste y eso se traducirá en lealtad y votos.

El gasto clientelar no es un mal exclusivo de México, es un costo implícito en la democracia, que se exacerba en entornos poco transparentes, donde la rendición de cuentas no es cotidiana, cuando no se cuenta con instituciones sólidas y donde el imperio de la ley no es norma.

Pero ese gasto clientelar está reñido con un gasto público potencialmente eficiente. Se habla mucho de que el gasto público no ha sido suficiente y que eso se ha traducido en menor crecimiento. Me pregunto, sin embargo, si lo ideal no sería que simplemente se gaste menos pero que eso se tradujera en una reducción en las tasas impositivas.

El gasto público nunca es una solución de largo plazo a problemas de crecimiento. Si ese fuera el caso, no existirían países pobres en el mundo. El gran reto del gasto público es cómo financiarlo, habiendo solamente dos alternativas reales: hacerlo con crédito o mediante recaudación de impuestos. Ambas alternativas tienen sus bemoles.

Financiar gasto corriente con crédito es suicida, tanto en el caso de un gobierno, como en el de una empresa o de una familia. Si se trata de financiar inversión, el gran reto es la eficiencia. Cómo hacer lo más posible, con los menos recursos posibles. Cómo elegir proyectos que maximicen bienestar o detonen crecimiento. Además, si se exagera en la contratación de crédito, éste se encarecerá, y ese encarecimiento se reflejará también en el costo de crédito de las empresas privadas, lo cual reducirá el número de proyectos de inversión económicamente viables.

Cuando se decide financiar gasto con impuestos, es importante considerar que cada peso de impuestos que el gobierno recauda es un peso que se le está quitando a empresas que usualmente podrían invertirlo con más eficiencia que el gobierno, o a familias que podrían utilizarlo para consumir, beneficiando a quien les ofrece un bien o servicio.

El reto de un presupuesto base cero está en que para que funcione tiene que haber una transformación cultural. Tiene que cambiar la relación entre burócrata (o funcionario público) y ciudadano, la consciencia de que existe la obligación de rendir cuentas por cada peso gastado pues los recursos provienen del contribuyente. Es indispensable que el jefe predique con el ejemplo. Sin embargo, entramos en la discusión de esta nueva forma de presupuestar cuando el presidente decide llevar una comitiva de 440 personas a una visita de Estado a Francia. Un viaje más en una serie de visitas cuya importancia no es oportuno discutir, pero para las que pudo llevar a una cuarta parte de los acompañantes, sin afectar en absoluto el resultado.

Pero, más aún, cuando vemos que la administración del presidente Peña Nieto pone énfasis en grandes obras como el tren México-Querétaro, el acueducto Monterrey VI o el aeropuerto de la ciudad de México, daría la impresión, en el mejor de los casos, de que buscan hacer obras llamativas, más que inversión estratégica. Parece que el gobierno no tiene claridad sobre qué inversiones públicas maximizarían el efecto multiplicador que proviene de detonar inversión privada. Me pregunto si consultan a empresarios o a potenciales inversionistas extranjeros sobre dónde están los cuellos de botella, sobre qué les hace falta.

La escala de nuestro gobierno es excesiva y su costo grotesco, más habiendo tanta pobreza. Las estructuras existentes siempre buscarán parecer indispensables. Un presupuesto base cero sería una herramienta útil si cuestionáramos cada gasto, cada oficina, cada empleado, cada programa y cada secretaría. Ese no será el caso. Nos hemos resignado a que el funcionario público se sienta dueño del recurso y merecedor de enriquecerse en grotescos esquemas donde la corrupción es “su derecho” y rendir cuentas una molestia prescindible.

Twitter: @jorgesuarezv

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