Opinión

El presidente Trump será el mismo que conocemos

 
1
 

 

ME. Cinco consecuencias de la llegada de Trump.

El mundo no cambió la semana pasada. Cambió antes, pero nos acabamos de dar cuenta. Me sorprende el esfuerzo por hacer como si nada pasó. La aquiescencia instantánea me provoca nausea.

Ahora, resulta para muchos que la victoria de Trump es buena noticia. Me hubieran avisado, llevo meses preocupado. Queremos creer que el presidente electo berreaba insultos racistas y misóginos, sin convicción, sólo al fragor de la contienda electoral. Queremos pensar que sus electores coreaban build the wall, al hablar de migración; Jew.S.A., al referirse a los medios; o lock her up, al vilipendiar a su contrincante, llevados por la emoción del momento, pero que no hablaban en serio.

Las palabras importan. Nombró a Steve Bannon, antisemita declarado, su principal asesor. Hay quien tolera el antisemitismo expresado hacia los medios, como si el racismo pudiese ser selectivo. Quien tolera al que pone etiquetas y no ve a la gente simplemente como gente, se expone a, eventualmente, traer la suya propia.

Un líder revela su idiosincrasia en momentos de crisis; en los próximos cuatro años las habrá. Los populistas nunca admiten culpa, son vengativos y represores. En América Latina los hemos sufrido, en Estados Unidos están por experimentarlo.

México debe prepararse para tiempos complejos. Nuestro fin de sexenio iba a ser difícil, lo será mucho más. Me asusta la ínfima reacción a la sorpresiva victoria de quien nos insultó como estrategia. No percibo suficiente sentido de emergencia en el gobierno. No es momento para arrogancia, sino para pedir ayuda.

Hay muy poco tiempo para articular una estrategia inteligente para defender el TLCAN. Yo enclaustraría en Los Pinos a Serra, Zabludovsky, Blanco y de la Calle. Ellos enfrentaron algo similar cuando habiendo negociado con el gobierno de Bush Sr., esperando su reelección, sorpresivamente ganó Bill Clinton. Entonces, reaccionaron sin titubeo, llamando a aliados para cabildear hasta que el acuerdo fue ratificado por el Congreso. Estratégicamente, impidieron tocar el texto, haciendo las concesiones laborales y ambientales necesarias (para satisfacer a Hillary, entre otros), a nivel de side agreements (acuerdos paralelos).

El gran riesgo que enfrentamos es que uno u otro gobierno subestime el peligro implícito en abrir el texto para renegociarlo. Abrirían una caja de Pandora imposible de cerrar. Todos, aquí y allá, buscarían meterle mano, para empujar sus intereses. Ciertamente, el TLCAN requiere modernizarse. La negociación del TPP permitía hacerlo por la puerta trasera, evitando presión política. Esa opción murió. Sin TLCAN, México se arriesga a una guerra comercial con su socio. Nadie la provocaría como estrategia, pero podríamos padecerla por error.

Habrá deportaciones. En la página oficial del programa de transición, hablan de revertir la práctica de catch and release (detener y dejar libre). Muchos migrantes pueden ser arrestados y deportados en forma expedita. Darán prioridad a quienes tienen antecedentes penales. No queda claro si reincidir en migrar ilegalmente se considera acto criminal.

Giuliani y Arpaio, del nuevo equipo, no se distinguen por compasivos. A la ya grave inseguridad que vive México, podríamos sumarle decenas de miles de criminales desempleados.

Se detendrá en seco la inversión extranjera directa, cuando anticipábamos claro interés en las licitaciones de aguas profundas y se subasta la Red Compartida. Cuando menos, la incertidumbre se reflejará en valuaciones menores. Más nos vale que los procesos de licitación sean más transparentes que el cristal. Sería pésimo momento para compadrazgos y corruptelas, como las de la licitación del tren a Querétaro, pues proveerían pretexto para quienes se benefician al dañarnos. La inversión nacional también sufrirá. Muchos empresarios privilegiarán la cautela hasta que el panorama se defina pues, además, la sucesión presidencial se acerca. La victoria de Trump influirá. El martes 6, Margarita Zavala fue la otra perdedora, y AMLO el otro ganador. En léxico tabasqueño, Trump demostró que “las mafias del poder” son derrotables.

El plan económico de Trump podría generar crecimiento a corto plazo. Reducirá tasas impositivas corporativas y personales, lo cual aumentará el consumo. Abrirá gasto público para modernizar infraestructura, necesidad urgente. Dará incentivos para repatriar los cinco billones (millones de millones) de dólares de utilidades que empresas estadounidenses mantienen fuera. De entrada, por esto y por mayor actividad económica, puede aumentar temporalmente la recaudación.

Pero, a la larga, más gasto y menos impuestos se reflejarán en un déficit fiscal más abultado (entidades independientes estiman más de 500 mil millones de dólares adicionales al año, 2.8 por ciento del PIB, duplicando el déficit actual). Eso implicaría tasas de interés más altas, más inflación, y a la larga menor crecimiento. Todo también apunta a un dólar más fuerte, dado el contraste con un entorno mundial de tasas cercanas a cero, entre muchos otros motivos no relacionados. Pero, si Trump no modera su retórica proteccionista, podría detonar una crisis económica mundial severa.

Vienen tiempos difíciles en lo interno y en lo externo. No es momento para negación o resignación. Planeemos para lo peor, deseando que una mejor realidad nos sorprenda.

Twitter: @jorgesuarezv

También te puede interesar:
Es hora de que México controle lo que puede
Comey podría haberle regalado el Senado a los republicanos
Hillary Clinton, la última oportunidad para el 'establishment'