Opinión

El presidente que no
busca la salida de la crisis

1
   

   

Enrique Peña Nieto inauguró el nuevo estadio de los Rayados de Monterrey.

Sólo hay algo peor que el hecho de que un gobernante rehúya el inaugurar un estadio con gente; peor es que tan anticlimática inauguración termine por no gustar incluso a quien preside la ceremonia.

El sábado Enrique Peña Nieto saludó a 51 mil 700 butacas del nuevo estadio de los Rayados de Monterrey. En Nuevo León, los equipos de futbol se pelean por el título de la mejor afición de México. Ni ese mérito fue suficiente para que los regios pamboleros fueran invitados a la solemne ocasión en que el presidente dio por inaugurado el estadio BBVA Bancomer.

En vez de ello, Peña Nieto dio un paseíllo por la cancha con una pequeñísima comitiva, entre la que estaba el impopular gobernador Rodrigo Medina, y luego acabó en una carpa donde los 38 grados centígrados se sentían a pesar de la docena de enfriadores instalados; y donde por órdenes del Estado Mayor Presidencial ninguno de los selectos invitados pudo pasar una botella de agua en envase plástico.

Según un par de testimonios, ni al presidente le convenció la disposición del templete, que no aprovechaba la majestuosidad de la nueva casa del Monterrey.

Lo ocurrido el sábado es un retrato del sexenio. Un presidente divorciado de la ciudadanía. Un mandatario que es cuidado incluso de las botellas de agua de invitados que sólo pueden ser considerados como privilegiados en un país donde sólo unos pocos lo son.

Con su recorrido ante un graderío mudo, rodeado de todo menos de ciudadanos, Peña Nieto era la viva imagen de la encuesta publicada el día anterior por Reforma: 34 por ciento lo aprueba, 64 de cada 100 lo reprueba.

El presidente que gasta en imagen más que sus antecesores y que a la mitad de su mandato, rumbo a su Tercer Informe de Gobierno carece de credibilidad. (Sobre este tema, ver Publicidad oficial: Exceso y discrecionalidad en la revista de Reforma del domingo 12 de julio, donde se consigna que “en el primer año de Peña Nieto se ejercieron siete mil 119 millones de pesos –un promedio de 19.5 millones de pesos por día–, lo que implica un aumento de 104 por ciento respecto al primer año de Fox –tres mil 495 millones de pesos– y 35 por ciento respecto al primer año de Calderón –cinco mil 261 millones”).

El presidente que más gasta en seguridad –en 2014 se duplicó lo erogado en “el rubro de Apoyo a las Actividades de Seguridad y Logística para Garantizar la Integridad del Ejecutivo Federal”, según publicó Reforma el 31 de julio–, pero cuyo gobierno ha repetido, vía el secretario de Gobernación, que se viven los menores niveles de violencia en mucho tiempo.

El presidente que dedica su lunes, un lunes donde el círculo rojo está indignado por un asesinato múltiple en la capital de la República, a honrar a un priista de esos del Edomex, de esos de los tiempos de los dinosaurios, a quien Peña Nieto le regala, porque sí y vestido con la típica chamarra roja, un pedacito de inmortalidad mexiquense (es un decir, por supuesto) al ponerle su nombre a un distribuidor vial.

El presidente que usa ese acto de tufo priista para decir a la nación, que muertos aparte, que precio del petróleo hundido aparte, hay economías peores que la nuestra.

El presidente que no puede ir a un estadio con gente, el presidente que se refugia en el Edomex a cada rato. El presidente que no encuentra la salida, quizá porque ni siquiera la está buscando.

Twitter: @SalCamarena

También te puede interesar:
Javier Duarte debe ser investigado
DF: ser decente no funciona
Uber, ayudemos a los taxis a ser formales