Opinión

El (preocupante) retorno
del doctor Mondragón

Esto piensa, o pensaba en junio pasado, el presidente Enrique Peña Nieto sobre el debate internacional a favor de revisar la despenalización de la marihuana:

“La definición que se tenga sobre esta política tiene que ser hemisférica. EE UU tiene un papel clave que jugar en esto. Pareciera que no ha querido entrarle todavía al toro por los cuernos, como se dice coloquialmente. Pero lo tendrá que hacer. Lideró especialmente esta política de combate al tráfico, especialmente la marihuana. Y, hoy, aunque es algo ilegal y está prohibido, pues vemos que en varios Estados (de la Unión Americana) ya no es tan ilegal. Vemos que Uruguay, en la región, ya lo aprobó. Vemos que eso tampoco tuvo ningún efecto en el orden de la relación diplomática, en el orden del universo. Yo personalmente, y creo que es parte del dilema y que habrá que preguntar al presidente Obama, personalmente he declarado que no estoy en favor de la legalización de las drogas. Y tampoco de la marihuana porque me parece que es una puerta por la que se puede incursionar al consumo de drogas mucho más dañinas para la salud. Sin embargo, la legalización de la marihuana es un fenómeno creciente. La demanda que hemos hecho ya nosotros es que revisemos el tema, sentémonos a debatir sobre el tema, a revisar la política que se ha seguido en los últimos 30 o 40 años y que a la postre solamente ha arrojado mayor consumo y mayor producción de drogas. Por tanto, es una política fallida. Hay que revisar eso. Insisto, yo no estoy en favor de la legalización, es un tema de convicción personal. Sin embargo, tampoco podemos seguir en esta ruta de inconsistencia entre la legalización que se ha dado en algunas partes, sobre todo en el mercado del consumidor más importante, que es EE UU, y en México que sigamos criminalizando la producción de marihuana”. (El País 07/06/14).

En cambio, esto piensa sobre el mismo tema el nuevo titular de la Comisión Nacional contra las Adicciones, Manuel Mondragón y Kalb, nombrado por Peña Nieto el 23 de octubre: “¿Por qué estoy en contra (de la despenalización de las drogas ilícitas)? Primero, porque soy medico y estoy en contra de todo aquel elemento que pueda ser patológico para la salud, y la mariguana no es virtuosa para la salud, no es como el alcohol, una sustancia socialmente permisible, tomo una copita de tequila, me puedo tomar un ‘whiskito’, no hay problema, me tomo una cerveza encantado de la vida, pero procuro no tomarme 10 cervezas ni ocho tequilas, ni menos aceptar que lo haga alguien que tenga una conducta antisocial” (…) ¿Qué vamos a hacer en aspectos internacionales? México legalizó y tenemos ahí toda una cantidad equis de mariguana para el consumo de los mexicanos pero también para exportar seguramente. ¿Los países van a permitir eso? ¿Está autorizado eso? ¿Se crean problemas de orden internacional en el comercio? ¿La vamos a utilizar en México pero nada más para los mexicanos? ¿Nos vamos a convertir en un país que tenga culturalmente la apertura total para la mariguana? Yo no quiero que mis hijos y nietos tengan esa apertura, no quiero que los hijos digan: papá me voy a la fiesta a fumar mariguana, mejor no, mejor que tengan líneas de salud, yo no quiero un país mariguanero (…) Yo quiero que las personas que hablan de legalización me digan lo que significaría la reglamentación y cómo la van a aplicar” (…) ¿Usted cree que se va a acabar una organización criminal por no manejar la mariguana? ¿Y qué pasa con las drogas de diseño, con la cocaína, con la siembra de la amapola, que somos los primeros o segundos productores del mundo, se va a acabar? Por favor. Y ¿qué pasa con esos grupos violentos que también stand edicados a otro tipo de delitos? Que me disculpen, pero eso no resuelve el problema. (El Universal 03/11/14).

O el presidente Peña Nieto cambió de idea con respecto a que se debe dar un debate hemisférico para explorar otro modelo de combate al narcotráfico, donde la legalización no sea tabú, o el mandatario quiere que en ese debate lo represente un halcón antiapertura.

En todo caso, las declaraciones de Mondragón y Kalb nos ponen ante un tema toral que va más allá de la mariguana: ¿cómo va a tomar México las decisiones que han de representar su posición en el mundo?

Porque las declaraciones de Peña Nieto aquí reproducidas son propias de un sistema que se piensa democrático y de un líder capaz de ver que existen esquemas contrarios a su manera de pensar que pudieran producir buenos resultados en el combate a las drogas. El presidente tiene pues, en el tema de la legalización, apertura a debatir. Todo lo contrario de su flamante nuevo Comisionado Nacional Contra las Adicciones.

Más allá de la evidente contradicción entre jefe y subalterno, la designación de Mondragón y Kalb luce desacertada. Dejemos de lado que en sus declaraciones a El Universal deja claro que no ha hecho la tarea –hace cuestionamientos que llevan años siendo debatidos en el Senado, la Cámara de Diputados y la Asamblea Legislativa--; y dejemos también de lado su tono despectivo con respecto de consumidores y adictos de marihuana y alcohol (en otra parte de la charla con El Universal llama a los alcohólicos “lacra social”, aquí la cita textual: “Yo no estoy en contra de quien se toma una cerveza, o un tequila, o dos, esto es algo que puede darse sin problema, lo que no puede ser es que una persona caiga en una adicción al alcohol que acabe con su familia, con su persona, con su trabajo, que le impida estudiar, que se vuelva una lacra social”.

La cuestión esencial, repito, es que Mondragón y Kalb tiene entre sus nuevas funciones ser el eje para la definición de la política mexicana contra las adicciones. Como tal debería ser un actor que escuche, estudie y pondere las diferentes posturas, nacionales e internacionales, con respecto al uso y consumo de sustancias psicoactivas. Ese es su mandato, pues entre las atribuciones del Comisionado contra las adicciones se establece que deberá “contar con un sistema estadístico nacional e internacional sobre adicciones, que deberá contener, entre otros, el diagnóstico sobre la situación prevalente del uso y abuso de sustancias psicoactivas, de la atención preventiva y rehabilitatoria de los adictos, así como datos que deriven de los programas a cargo de otras dependencias y entidades que impacten en el tema de adicciones”.

(Manual de Organización Específico. Artículo 11 Inciso XIX, http://www.conadic.salud.gob.mx/pdfs/manual_organi_especifico.pdf). ¿Será capaz Mondragón de mostrar apertura para incluir en las políticas de salud en torno a adicciones data y opiniones nacionales e internacionales distintas a las suyas?

Para el abogado Alejandro Madrazo, un joven veterano de la lucha por despenalizar la mariguana, “el problema es que la principal señal de parte de Peña Nieto es que está mandando a un policía a hacer el trabajo de un tema de salud”.

Consultado para esta columna, Madrazo subraya que ni el perfil de médico, ni su experiencia en la aplicación del alcoholímetro son suficientes para abrigar esperanzas con respecto al nombramiento de Mondragón y Kalb. “No es experto en adicciones”, dice el abogado del CIDE, quien lamenta el tono de las declaraciones del nuevo comisionado. “Debería ser la cara más amigable del gobierno en tema de adicciones, para que la gente se acerque a solicitar la ayuda que necesita, pero en sus declaraciones nos pone a verlos como una debilidad y motivo de escarnio. No los baja de enfermos ni de adictos”.

Difícil entender lo que realmente busca el presidente con este nombramiento. Sin embargo es claro que la definición de la política contra las adicciones es algo demasiado importante para dejárselo a alguien que dice, entre otras cosas, whiskito sí, mariguana no. El debate se va a poner interesante.