Opinión

El 2.8 por ciento de Banxico

La Junta de Gobierno del Banco de México decidió que ya era tiempo de ponerse realistas.

Empezaron el año con una expectativa de crecimiento de 3.5 por ciento, con un rango de medio punto hacia abajo o hacia arriba.

Luego de ver cómo van las cosas, decidieron que había que poner esa expectativa en 2.8 por ciento, con ese mismo rango de variabilidad, es decir, medio punto abajo o arriba.

La cautela característica del Banxico le hace expresar esto mismo describiendo el rango completo en lugar de ubicar el punto medio y su variabilidad.

Esto significa que la media del rango está 1.1 puntos por debajo de la expectativa todavía vigente de Hacienda.

Por cierto y entre paréntesis, aunque cuando se habla de Banxico se alude casi siempre al gobernador, Agustín Carstens, hay que tomar en cuenta que la decisión es colegiada de Roberto del Cueto, Manuel Sánchez, Manuel Ramos Francia y Javier Guzmán, quienes en la Junta tienen un voto que pesa lo mismo –aunque usted no lo crea– que el de Carstens.

Pero, regresemos a la decisión. Carstens, en su presentación de ayer, refirió en varias ocasiones que tomaban esa determinación incluso sin conocer los datos que habrá de revelar el INEGI el próximo viernes.

Hay un drama completamente innecesario que se ha creado en torno a las cifras del INEGI y a la revisión de la expectativa de Hacienda.

En el caso del INEGI, lo único que tiene que definirse es en qué punto específico del rango se habrá de colocar la tasa del primer trimestre, entre 1.6 y 2.0 por ciento en el caso de la tasa anual, y de 0.3 a 0.6 por ciento en el caso de la tasa trimestral desestacionalizada.

En cuanto a la expectativa de Hacienda, la interrogante es si recorta 0.5 por ciento, o 0.7 por ciento como Banxico. En el segundo caso, la cifra quedaría en 3.2 por ciento.

Hay todavía incertidumbre de cómo va a venir el año. Por eso es muy sensato –como Banxico– establecer un rango. Mientras las cifras caigan en él, la expectativa habrá sido correcta.

A diferencia del año pasado –y salvo que algún cisne negro se cruzara en nuestro camino– lo más probable es que no haya otro ajuste.
Hay una diferencia radical entre 2013 y 2014.

El año pasado fuimos de mal en peor. Esta vez, con todo y la revisión de expectativas, vamos a ir de mal en mejor.

Eso será simplemente por el hecho de que el desempeño de Estados Unidos va a ir hacia arriba, y arrastrará a México, para bien.

¿Sabe cuál es el problema de fondo que enfrentamos? La percepción.
El grueso de la gente –incluidos inversionistas– tiene la sensación de que en la economía las cosas no van bien.

El gobierno ha estudiado el hecho y sabe que no va a ser fácil ni rápido cambiar esa imagen.

Para ello va a ser necesario que se tenga paciencia; que haya consistencia en la política económica, y que no se vayan a generar expectativas que no se van a cumplir, porque al final saldría más caro el remedio que la enfermedad.

Ojalá que en esta materia el gobierno no se equivoque.

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