Opinión

El polémico tema de la deuda pública

¿Es realmente para preocuparse el crecimiento de la deuda pública que se ha presentado en México durante este año?

De acuerdo al Informe sobre Finanzas Públicas correspondiente al tercer trimestre, que fue enviado al Congreso el jueves pasado, el saldo de la deuda pública, en su expresión amplia (requerimientos financieros del sector público) es de 7 billones 10 mil millones de pesos, equivalentes a 40.8 por ciento del PIB.

En los primeros nueve meses de 2014 el crecimiento fue de 505 mil millones de pesos, equivalentes a 1.9 puntos del PIB.

Algunos analistas se muestran preocupados por este crecimiento y son escépticos de que el déficit se reduzca año con año como planteó el gobierno en el Programa Nacional de Financiamiento para el Desarrollo (Pronafide).

Sin embargo, no hay una opinión homogénea, pues otros consideran que no hay aún razón para preocuparse porque incluso en su expresión más amplia el nivel de déficit es relativamente bajo en comparaciones internacionales, es financiable y el gobierno está usando transitoriamente la política fiscal de una manera contracíclica, generando demanda agregada adicional.

En lo que hay coincidencia es que sí habría motivo de preocupación si en los próximos años no se revierte esa tendencia.

Creo que el tema de déficit y deuda no es aún para prender las alarmas, pero sí requiere de una observación cuidadosa, sobre todo para el futuro.

Si el gobierno no hubiera generado una expansión del gasto luego de la reforma fiscal como la operada este año, la economía probablemente estaría en abierta recesión.

De hecho, como le hemos comentado en múltiples ocasiones, aún está pendiente una parte del efecto en la demanda agregada del crecimiento de la inversión pública así como del mayor gasto corriente, lo que ocurrirá en las pocas semanas que restan de este año o más probablemente en los primeros meses del siguiente.

Las cuentas de cheques de los estados o de las paraestatales no podrán estar permanentemente llenas de fondos no usados. Ese dinero va a acabar regresando al sector privado a través de compras y pagos.

Para ponderar los riesgos, hay tres variables que deben seguirse.

Una es el costo del crédito. En términos generales va para abajo. Por ejemplo, la TIIE, usada como referencia usual en crédito privados, pasó de 3.79 por ciento al final del año pasado a 3.29 al cierre de octubre. La tasa de los Cetes a 28 días pasó de 3.29 por ciento a finales del año pasado a 2.90 por ciento en octubre.

Otro dato a seguir es el costo efectivo de la deuda para el propio gobierno. Los costos financieros totales a septiembre de este año fueron 156 mil 404 millones de pesos, cifra superior sólo en 1 por ciento en términos reales a la de 2013, pese al mayor aumento de los pasivos.

Una variable más a considerar es la oferta de crédito. De acuerdo con los datos de Banxico, el crédito al sector privado creció a una tasa de 3.4 por ciento en términos reales a septiembre. Al cierre del año pasado la tasa era de 5.5 por ciento, pero todo indica que no es un problema de oferta sino de demanda.

Mañana seguiremos con el tema.

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