Opinión

El poder adquisitivo del salario mínimo viaja en tobogán

El presidente Abelardo Rodríguez promovió la creación del salario mínimo (SM) en México en 1934. Desde entonces han pasado 80 años.

En aquel año, el entonces primer mandatario dijo: “He sustentado el criterio de que no sólo pesa sobre el hombre la obligación de trabajar, sino que también tiene un derecho indiscutible a percibir un salario que le permita satisfacer sus necesidades, tanto las más apremiantes como aquéllas que lo capaciten para acrecentar su cultura y desenvolver su existencia progresivamente, hasta que no haya un solo trabajador que desconozca el disfrute de una vivienda confortable, de una comida nutritiva y de una indumentaria que lo proteja de las inclemencias del tiempo.”

Más allá de la carga dolorosa y fatal que otorga Rodríguez al trabajo, resulta claro que, pese a sus buenas intenciones, la historia del salario mínimo ha sido más bien trágica: primero, su poder adquisitivo cayó continuamente durante 15 años (de 1938 a 1952).

Después vino el llamado Milagro Mexicano, ya sabe usted, inflación controlada y crecimiento sostenido a lo largo de tres sexenios, de 1953 a 1970. Las graves travesuras de Luis Echeverría, que entre otras obsesiones tenía la de su ciega fe en la maquinita hacedora de dinero y en decretar las fantasías que le parecieran necesarias, empujaron el SM a fuerza de decretos, sin sustento real, para reducir el costo político de sus errores.

Como se trataba de un incremento forzado, el SM empezó a descender abruptamente apenas iniciado el sexenio de José López Portillo. Desde 1976 la historia del salario mínimo ha consistido en caer y caer: tobogán eficiente y duradero. Así, el SM tiene 28 años de deterioro continuo.

Por eso hoy su poder adquisitivo es de sólo 30 por ciento del que tenía en 1970. Para efectos de lo que puede comprar, por cada peso que recibía el trabajador con SM al final del sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, el trabajador actual recibe 30 centavos.

Sólo en 1950 y 1951 el poder adquisitivo del SM ha sido inferior al que tiene hoy. Las crisis de fin de sexenio, que merecieron el adjetivo de sistémicas en 1982, 1988 y 1994, tundieron a la economía y, desde luego, al salario mínimo. Los tres siguientes periodos sexenales evitaron cierres trágicos, pero poco hicieron por los trabajadores.

Actualmente casi 7 millones de mexicanas y mexicanos perciben un salario mínimo, poco más de 60 pesos al día. Imagine cómo puede vivir una persona con esta cantidad; ahora imagine cómo pueden hacerlo dos, tres o cuatro personas, una familia.

Desde hace casi tres décadas la caída libre del poder adquisitivo del SM ha sido continua, sin que cinco gobiernos hayan intentado contenerla, atareados como estuvieron en fortalecer, y en su caso maquillar, las grandes cifras de la macroeconomía.

No hay manera de negarlo: en materia de protección al salario, hemos sido un desastre. Pero no tenemos por qué seguir siéndolo.

*Basado en la tabla Poder adquisitivo del salario mínimo 1935-2012, www.mexicomaxico.org, Manuel Aguirre Botello.