Opinión

El plan de Maggie, Woody Allen 'light'

 
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Maggie’s Plan.

Maggie (Greta Gerwig) quiere un hijo, pero nunca ha tenido una relación que dure más de seis meses. Harta de esperar a que llegue el hombre ideal, opta por la inseminación artificial, eligiendo el ADN de Guy (Travis Fimmel), un excéntrico vendedor de pepinillos enlatados (supongo que el subtexto sexual es adrede). Antes de que Guy entregue el cargamento, Maggie se enamora de John (Ethan Hawke), un profesor en la universidad donde ella trabaja, quien está casado con Georgette (Julianne Moore), una antropóloga insufrible.

Hace unos meses, en entrevista con la revista Empire, Hawke declaró que le gustaría trabajar con Woody Allen. Su personaje en Maggie’s Plan bien podría ser su audición. John es el clásico neoyorquino alleniano, un académico con ínfulas de escritor, egoísta y neurótico.

Toda la película, dirigida por Rebecca Miller (hija del gran dramaturgo Arthur Miller), se siente como Allen mezclado con una comedia romántica light, de aquellas que acaban en final feliz y donde los personajes son peculiares por fuera y superficiales por dentro.

Maggie’s Plan
Director: Rebecca Miller
País: Estados Unidos
Productores: Damon Cardasis, Rachael Horovitz y Rebecca Miller
Duración: 103 mins.
Cines: Cinépolis
Año: 2016

Maggie’s Plan funciona mejor cuando se inclina hacia la influencia de Allen e incluso de Noah Baumbach, el director que lanzó a la fantástica Gerwig al estrellato. Menos verbosa que Allen y sin duda menos cáustica que Baumbach, Miller tiene facilidad para los diálogos naturales, salpicados de desplantes líricos (uno sobre el encanto de las matemáticas, en boca de Guy, resulta particularmente bello). Su guión convence cuando se aleja de la caricatura y el estereotipo hollywoodense. Por eso es una lástima que, para la caracterización de algunos personajes, se haya decantado más por la ridiculez que por la verosimilitud. Georgette es el mejor ejemplo de este defecto: una mujer cuya presencia va cobrando importancia, a la que jamás podemos tomar en serio.


Moore la interpreta como el cliché de la europea pedante, con un acento estorboso, mitad Pepe Le Pew y mitad Edna Mode. Frente a la frescura de Gerwig, e incluso de Hawke, la actuación de Moore resulta casi absurda.

Gerwig ha mostrado ser capaz de desenvolverse con soltura en una película ácida como Greenberg, y en un tipo de comedia más obvia, como la versión femenina del sitcom How I Met Your Mother, para la que fue considerada. Al final, Maggie’s Plan le pertenece a ella: el único miembro del reparto capaz de transitar entre los dos tonos que su directora propone. Gerwig le imprime la misma energía a una aparatosa secuencia de inseminación artificial como a un triste monólogo sobre su infancia. La cinta se descarrila cuando la abandona, en parte porque nosotros, como audiencia, la extrañamos. Hacia el desenlace, al menos Miller tiene la bondad de darse cuenta de la fuerza expresiva de su actriz principal, cerrando con un close up que, a diferencia del resto de su película, resulta sutil y memorable.

Twitter: @dkrauze156

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