Opinión

El PIB que sí cuenta

Voy a parecer disco rayado (y voy a denotar mi edad al usar esta expresión de los tiempos del vinilo), pero no veo de otra que insistir: lo relevante no es el crecimiento de este trimestre o de este año, sino el de los que vienen.

Resulta que la diferencia entre la previsión de crecimiento de 2.7 por ciento que sostuvo Hacienda y el consenso de expertos publicado por Banamex hace un par de días, que se ubicó en 2.51 por ciento, es de apenas 0.19 puntos.

Es casi irrelevante esa diferencia y según lo que pase en los últimos meses, una previsión puede estar más cerca de la realidad, o la otra. Pero en la práctica, será casi lo mismo.

Déjeme recordarle, sin embargo, las previsiones que Hacienda hiciera en el Programa Nacional de Financiamiento para el Desarrollo. En este documento se estableció como estimación un crecimiento de 4.7 por ciento para 2015, 4.9 por ciento para 2016, 5.2 para 2017 y 5.3 para 2018, tras realizarse las reformas.

Así que, luego de dos años de resultados mediocres en materia de crecimiento, la previsión oficial es que en los restantes cuatro años del gobierno de Peña, se alcanzará un crecimiento acumulado de 21.7 por ciento, y un promedio anual de 4.9 por ciento.

La última vez que la economía mexicana acumuló cuatro años seguidos con un crecimiento así fue entre 1996 y 1999, luego del desplome de 1995. Sin ser precedida de una caída drástica, la referencia más cercana corresponde a la década de los 70 en el siglo pasado. Algo que ya no vio la actual generación.

Claro, hoy ese comportamiento es una expectativa que no coincide con la visión de los inversionistas.

El FMI es de las pocas instituciones que tienen una previsión detallada para el largo plazo. Para México cuantifican un crecimiento de 3.5 por ciento en 2015; 3.75 en 2016, 2017 y 2018. La cifra acumulada es de 15.5 por ciento y el promedio anual de 3.6 por ciento.

Aquí la diferencia no son décimas, sino algo mucho mayor: 6.2 puntos porcentuales en lo que resta del sexenio.

Los resultados económicos no dependen de cuan rápidamente se encuentre un gran yacimiento de petróleo o de que haya cientos de pozos de shale gas perforados en el norte del país.

La clave es que los inversionistas potenciales encuentran evidencias de que las cosas se están haciendo bien.

Lo relevante para que haya inversiones derivadas de la reforma energética y las otras, es que haya certidumbre de que las cosas se van a hacer bien y que serán transparentes y derechas.

Y, no sólo por la voluntad de los altos funcionarios, sino porque las instituciones y procesos están bien diseñados, y no quedó todo en la reforma de la Constitución y las leyes.

Reitero lo comentado, y por eso lo del disco rayado: apenas tenemos la oportunidad, la que no habíamos tenido en décadas. Falta aprovecharla. Si lo hacemos, el crecimiento será como lo prevé la autoridad.

Si no, perderemos una ocasión que quizás no volvamos a encontrar.

Twitter: @E_Q_