Opinión

El petróleo se hunde, contra todo pronóstico

 
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crudo petróleo refinería (Bloomberg/Archivo)

En la tormenta perfecta en donde nos encontramos (política monetaria superexpansiva en Europa y Japón, devaluación y el crack bursátil de China, la posible normalización de tasas de la Fed, el inminente regreso de Irán a los mercados) se destaca el nuevo desplome de los precios de los hidrocarburos, en pleno verano, algo inusual, más allá de las previsiones. ¿Por qué tan drástico? ¿Qué implicaciones tiene para nuestra economía?

Ante la sobreoferta propiciada por los productores de petróleo y gas shale en Estados Unidos, Arabia Saudita decidió iniciar una guerra de precios en octubre pasado, con la clara intención de sacar del mercado a miles de pequeños productores norteamericanos. Los precios de los hidrocarburos, que ya de por sí tendían a bajar ante la fortaleza del dólar y la excesiva creación de euros y yenes, cayeron súbitamente hasta alcanzar mínimos. En marzo pasado el WTI tocó 43 dólares por barril; para junio los precios habían aumentado en casi 50 por ciento hasta 62 dólares dólares por barril.

Nuestra expectativa era que los precios debían de lograr estabilizarse en alrededor de 57 dólares ya que en ese nivel se ubica el costo promedio de extracción de petróleo y gas shale en Texas. También esperábamos desde marzo ver un descenso en la producción de la región de Eagle Ford, ante la disminución en la exploración.

Para variar, nos equivocamos. La producción de Estados Unidos muestra cada mes récords históricos. Tienen tanto petróleo que Obama está aprobando un swap de petróleo ligero por petróleo pesado de México, y ya están exportando 500 mil barriles diarios de semiprocesado a Canadá. La exportación de petróleo está prohibida por las leyes estadounidenses. Lo malo es que también la producción de Arabia Saudita y de varios países más está aumentando.

Si a esto se le añade, del lado de la demanda, la desaceleración de la economía de China y de su región de influencia, la debilidad de Europa, de Sudamérica, y del mundo subdesarrollado, se puede diagnosticar una sobreoferta de dos millones de barriles diarios aproximadamente en el mercado global.

¿En dónde está el piso ahora? Puede darse una caída adicional en los precios dada la política monetaria europea y japonesa, la debilidad de China, el levantamiento de las sanciones a Irán y una posible alza en la tasa de la Fed. Nuestra expectativa es que pudiéramos ver nuevos mínimos en los próximos meses, y que posteriormente el mercado vaya recuperándose gradualmente hasta estabilizarse en un rango entre 45 y 55 dólares.

Como siempre insistimos en nuestras colaboraciones, todo en la vida tiene un aspecto favorable y otro desfavorable. El lado positivo es que la reducción en los precios de los hidrocarburos se va a ver reflejada en una inflación mundial cada vez más reducida, apoyada además por la devaluación del yuan.

El efecto en la economía de Estados Unidos es como el de una reducción de impuestos. Habrá más recursos disponibles para el consumo. El mercado interno norteamericano pudiera verse beneficiado, y con esto la economía de México.

Existe también alguna posibilidad de que ante cifras de inflación muy reducidas la Reserva Federal (Fed) decidiera retrasar un poco más el primer incremento de las tasas de interés este 17 de septiembre.

El lado amargo está en las finanzas públicas del Estado mexicano, en la cotización del dólar y en el proceso de licitaciones de la Ronda Uno.

Con nuestro indicador de la economía de México (IBEM) estimamos que el crecimiento del IGAE de julio pudiera haberse situado en algo inferior a uno por ciento anual. Aunque el mercado interno todavía muestra dinamismo, el sector industrial está creciendo raquíticamente. Es de preverse que el sector automotriz va a recuperarse en los próximos meses, pero es difícil que en estas condiciones nuestra economía pueda lograr crecimiento promedio de 2.5 por ciento anual para el segundo semestre. El panorama a más largo plazo no puede ser optimista y puede cambiar las expectativas hacia el pesimismo.

Qué se pudiera recomendar hacer en este entorno:

A nivel macro:

1. Proponer inmediatamente un recorte adicional en el Presupuesto para 2015 o 2016.

2. Plantear una nueva reforma fiscal integral promotora de la inversión.

3. Junto con lo anterior, presentar un plan de emergencia de largo alcance para apuntalar la inversión, la producción y el empleo en los siguientes años.

4. Mejorar la seguridad y el Estado de derecho.

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