Opinión

El peso débil llegó
para quedarse

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Peso (Bloomberg)

El gobernador del Banco de México aparentemente dio ayer, en lenguaje codificado, la bienvenida al peso débil. Desde la cima del jet set político-financiero que representa Davos (foro al que el presidente Peña tuvo el buen sentido de no acudir este año), Agustín Carstens dijo que la paridad con el dólar está “bajo control”. No hubo insinuaciones de que el peso debe fortalecerse. Por el contrario, el gobernador lo ubicó como una de muchas monedas que se han depreciado frente a la divisa estadounidense. El tipo de cambio en los alrededores de 15 pesos por billete verde, se diría, llegó para quedarse.

Por un tiempo el Banco de México y la Secretaría de Hacienda parecieron decididos a revertir la reciente depreciación. Esto es, intervenir en los mercados cambiarios como en 2008-09. En ese tiempo las ventas masivas de dólares tenían sentido: había una sensación de pánico (y era real, la economía global se desplomaba) y las fuertes caídas del peso podían llevar a más miedo y mucho mayores expectativas inflacionarias.

Ninguno de esos elementos existe hoy. La fuerte incertidumbre que caracterizó las últimas semanas del año pasado se desvaneció, en tanto que la inflación está teniendo un fuerte tirón a la baja debido a factores puramente coyunturales, pero que impactan las expectativas. La anulación de la larga distancia, fruto de una reforma de telecomunicaciones, y la demagógica baja de tarifas eléctricas, que no puede ser fruto (aún) de la reforma energética (aparte del desplome en el precio de los jitomates), llevaron a un registro negativo de la inflación en la primera quincena de enero y a un registro anual cercano a la meta central del Banxico (casi nunca alcanzado). Otro gesto populista, el congelamiento de los precios de las gasolinas, amarra otro empujón deflacionario durante el resto del año.

Ciertamente, una paridad que ronda 15 pesos por dólar tiene aspectos negativos. ¿Costará más ir de shopping a Houston o Nueva York? Sí, y mala suerte. Es lo mejor en las actuales circunstancias para la economía como un todo. En meses recientes ha vuelto entre muchas personas el desgarramiento de vestiduras ante un peso que pierde valor. Mucho se explica porque el prisma es de consumo, no de producción o exportación.

Por supuesto los mexicanos perdemos en relación al resto del mundo cuando se deprecia la moneda. Pero sucede que somos más pobres porque el petróleo se ha desplomado y las perspectivas de crecimiento de mediano plazo son mediocres, por más que sean mejores que lo alcanzado en años recientes. El tipo de cambio refleja tanto la realidad presente como las expectativas futuras. Lo ideal es incentivar las exportaciones manufactureras y el turismo, ambas potentes fuentes de empleo. Habrá menos mexicanos de compras en San Antonio, pero para aquellos que reciben remesas habrá más pesos. Carstens puede estar de plácemes por más que esté pagando una pequeña fortuna por su hospedaje en francos suizos.

Twitter: @econokafka

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