Opinión

El periodismo y la baja
en la violencia

1
   

    

En Guerrero se registra un incremento en la violencia; sin embargo, no tuvo un aumento significativo en la asignación de recursos para combatirla. (Archivo/Cuartoscuro)

Como ocurre desde hace varios años, Eduardo Guerrero aporta información sobre la inseguridad en México. En el actual número de Nexos, el director de Lantia Consultores revela que en 2014 bajaron de manera importante algunos índices de la violencia. Quien en su momento documentara el disparo –las epidemias, como las llamó él– de los homicidios, hoy reporta un considerable descenso en los mismos. Ante tal tendencia, lo que importa saber es cómo hacer para que esos números sigan a la baja.

El propio Guerrero elabora cinco recomendaciones para “hacer frente a los principales desafíos de seguridad del país”. Las sugerencias llevan los siguiente títulos: 1) Recopilación de información de campo. 2) Intervenciones disuasivas en municipios y regiones con mayor presencia del crimen organizado. 3) Replantear el programa de testigos protegidos. 4) Investigación de funcionarios públicos. 5) Declaratorias de alerta de violencia.

En esas recomendaciones, Eduardo menciona de paso a los medios de comunicación. Lo hace sobre todo en el capítulo dedicado a “la recopilación de información de campo”. El autor apunta que “cuando la identidad o el modus operandi de los criminales es denunciado públicamente y dicha denuncia trasciende el ámbito estrictamente local, es casi imposible evitar una intervención de la fuerza pública”. Es decir, que la publicidad los mata.

Esta tesis de Guerrero coincide con lo que el mes pasado apuntaba Héctor de Mauleón sobre la estrategia, en Morelos, de colocar espectaculares con fotografías de los criminales más buscados, a fin de hacerlos visibles. A De Mauleón, el comisionado morelense para la seguridad Alberto Capella le explicó que, por su experiencia como tijuanense, sabe que “el final de todos los narcos de la zona comenzó con una fotografía”, con exhibirlos, con encarecerles todo: salir a la calle, emborracharse, etcétera. (Aquí la columna de Héctor: Los delincuentes más buscados)

Apegados a la idea de que más publicidad sobre el fenómeno delictivo resulta benéfico antes que dañino (parece una obviedad repetir esto, pero dados los intentos silenciadores de ciertos gobiernos es obligado el decirlo), me gustaría agregar una sugerencia a lo recomendado por Guerrero.

Contrario a lo que ha sido la norma, el gobierno federal debería promover decididamente y facilitar apoyos logísticos para distintos periodistas y medios de comunicación a fin de que estos realicen investigaciones en zonas de alto riesgo.

La tesis de Guerrero sobre la violencia subraya que en los últimos años los criminales se han ido desplazando de grandes urbes a zonas menos desarrolladas, regiones más fácilmente capturables por los delincuentes. Ello, al mismo tiempo, dificulta el hecho de que los periodistas acudan a trabajar a esos enclaves sin exponerse en demasía.

El gobierno debería ayudar a los periodistas de todo el país a reportar sobre lo que ocurre en zonas donde, entre otras cosas, los criminales han logrado imponer el silencio a los colegas locales. Más reportajes sobre Tamaulipas pueden ayudar a la Federación a ganar esa batalla que hoy está perdida, por ejemplo.

Más información claro que evidenciará fallas de los gobiernos, pero también expondrá la barbarie de los criminales y sus cómplices (uniformados, funcionarios y etc), y les haría más caro su actuar.

Para lo anterior, haría falta que el gobierno entienda lo que les explicó hace tiempo el general Óscar Naranjo, entonces su asesor. Una eventual baja en los homicidios, les dijo el colombiano, derivaría en un alza en secuestros y extorsiones… y en muchas críticas por ello. Una buena noticia sería motivo de nuevos reclamos. Pero deberían aguantar. Más periodismo sobre la violencia sería en su beneficio, y en el nuestro, así produzca nuevas críticas.


También te puede interesar:
EPN, los gobernadores y la brida rota
El resignado reproche de EPN
Cuajimalpa: una semana, muchas dudas