Opinión

El peligroso crecimiento de la deuda pública

 
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Fed

La decisión de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos de mantener sin cambio las tasas de interés no hizo sino prolongar la incertidumbre en los mercados financieros internacionales.

El suspenso sobre cuándo iniciará el ciclo alcista de las tasas en ese país, si en octubre, diciembre o de plano en 2016, junto con otros factores en el entorno externo, harán que la volatilidad en los mercados se mantenga presente durante los próximos tres meses.

Por lo pronto, la volatilidad financiera ya provocó una nueva depreciación del peso frente al dólar en los últimos tres días de operación, tras la indefinición de la Fed.

Los nuevos episodios de volatilidad en los mercados deben alertar a las autoridades financieras mexicanas para mantener la estabilidad económica del país.

En particular, es clave mantener la disciplina en el manejo de las finanzas públicas a través del fortalecimiento de la posición financiera del gobierno federal.

Una vía es el recorte en el gasto anunciado tanto para 2015 como 2016, y la otra sería la sostenibilidad de la deuda pública en el mediano y largo plazos.

Esto último precisa de estabilizar la razón de deuda pública respecto al PIB y de que, lo más pronto posible, retome una trayectoria decreciente, como lo ha venido sugiriendo el Banco de México (Banxico) reiteradamente.

En su informe trimestral de abril-junio 2015 insiste en que “es indispensable que la razón deuda pública a PIB se estabilice en niveles que sean sostenibles en el mediano y largo plazos”.

Sin embargo, el ajuste fiscal propuesto por el gobierno está lejos de representar un avance para estabilizar la razón de deuda pública respecto al PIB.

Más bien, “la perspectiva oficial de la deuda pública toma un sendero creciente para los años siguientes”, advirtió Banamex recientemente.

En el Paquete Económico se estima que la deuda pública, medida por el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público, se ubique en 47.8 por ciento del PIB al cierre de 2016. Ese nivel es superior al previsto para 2015, de 46.9 por ciento del PIB, y mucho mayor al de 2014, de 41.6 por ciento.

Al inicio de la presente administración la deuda pública representaba 36.4 por ciento del PIB, por lo que su incremento sería de 11.4 puntos porcentuales en cuatro años de gobierno de Enrique Peña, que no se corresponde con el débil crecimiento de la economía.

No es consuelo decir que “se mantendrá en niveles por debajo de los observados en economías comparables con la nuestra”, como se argumenta en la propuesta de Paquete Económico 2016.

Un nivel de deuda como proporción del PIB que no sólo no desciende sino que aumenta, no fortalece la confianza en el proceso de consolidación fiscal en el país.

Peor aún, como lo dejó ver el Banxico, se corre el riesgo de que las finanzas públicas puedan convertirse en una fuente de vulnerabilidad fiscal de la economía mexicana.

Twitter: @VictorPiz

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