Opinión

El peliagudo asunto de la deuda

 
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El peliagudo asunto de la deuda.

La tarjeta amarilla que sacaron las calificadoras al gobierno mexicano por el crecimiento de la deuda pública, ha puesto de nueva cuenta sobre la mesa este tema.

Vale la pena hacer un poco de historia para entender por qué se decidió poner en ‘perspectiva negativa’ la deuda del gobierno y de las empresas productivas del Estado.

El monto de la deuda pública, antes de la crisis de 2008, llegó a niveles que hoy parecieran distantes.

Aunque en el sexenio de Zedillo, la deuda total llegó a 20.6 por ciento del PIB, en 2007, durante el primer año de la gestión de Calderón, pasó a 18.1 por ciento.

Sin embargo, las acciones emprendidas para hacerle frente a la crisis dispararon la deuda, que terminó el 2009 con un nivel de 31.4 por ciento del PIB.

Es decir, hubo un aumento de la deuda equivalente a 13.3 puntos del PIB, en sólo dos años.

La peor crisis financiera de la historia moderna, en la que prácticamente todos los gobiernos se endeudaron para tratar de compensar la caída económica gastando más, explica el alza.

Sin embargo, tras la crisis, no se inició un proceso de desendeudamiento inmediato y al final del sexenio de Calderón, el nivel de la deuda aumentó todavía un poco más y cerró en 33.3 por ciento.

El problema es que la deuda no se detuvo allí.

Entre 2012 y 2014, durante los primeros dos años del actual gobierno, el nivel volvió a subir y se ubicó en 40.3 por ciento.

Luego, ya con el proceso devaluatorio desatado, que incrementó en 4.1 puntos del PIB la deuda por el puro incremento del valor en pesos de la deuda en dólares, la deuda volvió a crecer y se estima que concluya este año en 48.5 por ciento del PIB.

Se estima que el equivalente a 1.5 puntos porcentuales del PIB de la deuda del gobierno deriven de los apoyos a Pemex y CFE, tras la reforma a sus sistemas de pensión.

Sumando ambos aspectos, se explican 5.6 puntos del crecimiento de la deuda.

Pero el problema es que el alza del estimado de cierre de 2016 es de 12.8 puntos respecto al de 2012. Hay un alza de 7.2 puntos derivados de otras alzas del gasto.

Se sabía en los pasillos de las instituciones financieras del riesgo de que la deuda pública fuera puesta en perspectiva negativa ante cifras como las mencionadas.

Por esa razón, el gobierno está tratando de meter reversa al endeudamiento y esta misma semana se anunció una reducción de 0.5 puntos porcentuales del PIB al monto de los requerimientos financieros del sector público.

La posibilidad de que se baje la calificación de la deuda, es decir, de que la tarjeta amarilla se convierta en roja, dependerá de lo que pase con las finanzas en los próximos años.

Eso permite anticipar que el paquete económico que habrá de presentarse el 8 de septiembre vendrá lo que le sigue… a austero.

Sin embargo, habrá tensión pues en un año previo a las elecciones federales y en el que además habrá elecciones en el estado con el padrón más grande, Estado de México, puede acentuarse la caída en la popularidad del gobierno y del presidente.

Habrá presión para gastar más no sólo por razones políticas, sino porque todavía se requiere un gran esfuerzo para poner en orden a Pemex.

Un trabajo nada sencillo para las autoridades financieras mexicanas. Por eso refiero que el asunto está en verdad peliagudo.

Twitter:@E_Q_

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