Opinión

El partido en el poder gana elecciones en Sudáfrica sin Mandela

Extrañando a Mandela y Mbeki

El partido del Congreso Nacional Africano, fundado a principios del siglo XX para promover la democracia en Sudáfrica y combatir el Apartheid, ganó las elecciones por quinta vez y por abrumadora mayoría parlamentaria, pero ensombrecido por corrupciones y frustraciones tras 20 años en el poder.

El futuro presentaba nubes de incertidumbre y aspiraciones insatisfechas a la primera generación de votantes, nacidos después de la llegada de Mandela al poder en 1994. Sin embargo, las viejas y nuevas generaciones siguieron apostando por el partido en el poder y sus actuales gobernantes, esperando futuras reformas y mejores resultados económicos y sociales; y lo hicieron copiosamente y democráticamente, con un 73 por ciento de participación en los comicios de los 25 millones de electores (la mitad de la población total del país); una de las más altas del mundo.

El ANC se quedó corto de las dos terceras partes necesarias para realizar por sí solo reformas constitucionales, al descender del 66 por ciento en 2009 al 62.5 por ciento, pero dejando segura la continuidad de Jacob Zuma en la presidencia, no obstante las críticas crecientes a sus excesos pasados y escándalos recientes y a la ausencia de un perspectiva estimulante de mediano y largo plazo.

El principal partido de oposición, la Alianza Democrática, encabezado por la centrista Helen Zille, apoyado por blancos, mestizos (colored) y negros inconformes con el gobierno actual, elevó su participación del 16 a 22 por ciento, obteniendo 5 millones de votos,  lo que le permitirá mantener su dominio en la provincia del Cabo Occidental y avanzar en Johannesburgo, base del poder financiero y comercial del país. Algunos sugieren que Zille deje ya la presidencia a un opositor negro, pues como blanca no obtendrá el apoyo de la gran mayoría negra, a pesar de haber sido simpatizante de Mandela desde la época del Apartheid.

Por su parte, Julius Malema, el populista disidente de izquierda, que se salió hace un año del ANC para fundar su propio partido - Economic Freedom Fighters- sólo logró obtener el 6 por ciento de los votos y un lejano tercer lugar. Sus vitriólicos reclamos de reforma agraria –asunto pendiente desde el fin del apartheid- y de expropiación de minas, asustaron a la población sudafricana, no obstante las simpatías entre los pobres por sus críticas a la mala calidad de los servicios públicos y el incumplimiento a los programas sociales. Sus polémicos elogios a Chávez y a Mugabe le hicieron daño también.

La gran decepción de la elección fue Mamphela Ramphele, política negra, pareja sentimental del famoso líder Stephen Biko, amigo asesinado de Mandela. Hace un año fundó con bombo y platillo un nuevo partido, escindente del ANC: Agang SA. Sin embargo, sus errores de campaña y su coqueteo con la Alianza Democrática de Zille la llevaron a perder su apoyo original y obtener menos del 1 por ciento del voto el 7 de mayo pasado.

Las elecciones dejaron claro que, por el momento, para la mayoría de los negros sudafricanos -el 80 por ciento de la población del país- no existe entre los 26 partidos restantes registrados una alternativa viable al partido de Mandela, Tambo y Sisulu que derrotó al Apartheid. Sin duda la muerte de Madiba y las recientes celebraciones del XX aniversario del fin del Apartheid, influyeron en favor del ANC.

Pero los logros democráticos y la herencia de Madiba no constituyen un seguro de vida permanente, a pesar de que Zuma dice que hay ANC suficiente para futuras generaciones.

Las inconformidades de los sudafricanos han sido crecientes, ante un régimen que, a pesar de los avances en dos décadas en materia de estabilidad macroeconómica, educación, salud, vivienda e infraestructura, es visto frecuentemente como corrupto e incapaz de renovarse y reaccionar ante las demandas de la población: elevar la tasa de crecimiento del PIB (de sólo 2 por ciento frente al 5 por ciento promedio de África), reducir los niveles de desempleo que llegan al 35 por ciento de la población negra, mejorar la calidad de la educación y abatir la alta incidencia del HIV-SIDA, la inseguridad pública y los escándalos por abuso del poder.

Tras de su victoria, el ANC y el gobierno encabezado por Zuma tienen muchas tareas por delante en un país con gran potencial de desarrollo, rico en recursos naturales, con una buena infraestructura física carretera y de comunicaciones, la mejor base industrial de África y empresarios innovadores. Pero como ha señalado el notable escritor Zakes Mda, el país tiene que enjuiciar efectivamente, con apoyo de la sociedad civil, a sus gobernantes que se han enriquecido, frecuentemente con el pretexto de empoderar a los negros –y ello incluye a sus cómplices negros y empresarios blancos.

También urge mejorar la pésima distribución de la riqueza y del ingreso, con una estrategia de desarrollo sustentable e incluyente. Según France Presse el ingreso promedio de un sudafricano blanco sigue siendo 6 veces el de un negro.

*Director del IIDSES-IBERO y ex Embajador de México en Sudáfrica.