Opinión

El paraíso

     
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Corrupción

Las noticias sobre corrupción de actores del sector público son parte de nuestro amanecer diario, pero la corrupción no se limita a los políticos y funcionarios, empresas privadas también forman parte del círculo y del sistema que la facilita y perpetúa la impunidad.

Ayer, la revelación de una nueva investigación dirigida por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), denominada #ParadisePapers, en la que participaron 380 periodistas de 96 medios en 67 países, expuso este vínculo de políticos y empresarios en paraísos fiscales a través de redes de offshore para la evasión de impuestos. El aprovechamiento de los vacíos legales a nivel internacional para generar y esconder inmensas fortunas. Para ellos… el paraíso.

La primera parte del trabajo periodístico en el que participaron para México Quinto Elemento Lab, Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, Proceso y Univisión, desnudó vínculos del secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, quien tuvo participación en la compañía naviera Navigator, que recibió más de 68 millones de dólares desde 2014 de la empresa energética rusa Sibur y que usó los servicios del despacho Appleby, quien ocultó las operaciones en uno de los más importantes paraísos fiscales del mundo: Las Islas Caimán.

Esta naviera es propiedad de Kirill Shamalov, yerno del mandatario ruso Putin y de uno de sus operadores financieros más cercanos: Gennagy Timchenko. Un claro conflicto de interés.

Los rastros de corrupción en el gobierno más importante del mundo, puesto a la luz en medio del Rusiagate.

Pero no se trata de un caso aislado, las filtraciones de 13.4 millones de documentos exponen a 120 políticos de distintos países, empresarios, figuras del entretenimiento y hasta miembros de la Iglesia católica. Nadie está exento y vale la pena más allá de señalar nombres, el evidenciar el sistema usado por todos ellos para corromper el sistema.

Las empresas privadas no deberían estar exentas de obligaciones de transparencia que dejen bajo la sombra mecanismos que sean aprovechados para cometer ilícitos, como lavado de dinero.

Si bien es cierto que los mecanismos offshore son legales, su especialidad para armar entramados que aprovechan los vacíos legales en el mundo y mueven dinero de unas empresas a otras, han facilitado la evasión fiscal y ayudado a generar fortunas incalculables de quienes toman decisiones en el mundo.

Hace una semana, Transparencia Mexicana, MCCI y Grupo Expansión dieron a conocer la aplicación de un ranking a las 500 empresas más grandes en México, para medir su adopción de políticas de integridad, su publicación y sus medidas anticorrupción. ¿El resultado? La opacidad.

De acuerdo con este ranking, que mide sólo el acceso a estas políticas y no el nivel de honestidad, de 100 puntos a medir las empresas mexicanas sólo alcanzaron los 37.

De las 500 corporaciones, una quinta parte enfrenta a algún tipo de problema de corrupción y el 66% no tiene mecanismos que les permitan monitorear su política de lucha anticorrupción. 194 ni siquiera cuentan con un código de ética.

Los socios de una empresa, las inversiones, los proyectos que realizan con los gobiernos... pedirle transparencia al sector privado es apenas el inicio para quitarle rutas a quienes aprovechan los oscuros para operar el sistema de corrupción, que no es privativo de nuestro país y que es una responsabilidad de todos combatir.

Twitter: @jrisco

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