Opinión

El Papa Franciscano

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El Papa Francisco visitará Estados Unidos en septiembre

La mejor definición del Papa Francisco la dio una periodista argentina cuando fue elegido sucesor de Pedro: Bergoglio, dijo, es un jesuita que Dios convirtió en franciscano.

El papado de Francisco ha roto varios cánones y protocolos. Frente al carisma militante de Juan Pablo II, y la inteligencia brillante y fría de Benedicto XVI, Bergoglio es un Papa desparpajado y bonachón, que le gusta la pizza y se cocina su propio spaguetti.

Pero bonachón y desparpajado no se contraponen a la fuerza con que defiende sus convicciones ni a su propósito de reformar la Iglesia. Su confrontación con la curia romana es manifiesta, pero de pronóstico reservado. El Papa, de 78 años, cuyo pontificado es probable que dure cuatro o cinco años más, se enfrenta a intereses y privilegios acumulados desde hace dos milenios.

¿Quién vencerá en esa contienda? Lo más probable es que Francisco sea frenado o, simplemente, sea vencido por el tiempo y la vejez. Sus enemigos son muchos y están organizados, él está sólo y es un hombre grande.

Francisco, sin embargo, pasará a la historia como el Papa que, al mismo tiempo que enfrentó y desenmascaró el silencio cómplice respecto de la pederastia, flexibilizó la intolerancia de la Iglesia católica ante la homosexualidad.

Su condena del abuso de menores, en una carta dirigida a los obispos, fue contundente: “Las familias deben saber que la Iglesia no escatima esfuerzo alguno para proteger a sus hijos, y tienen el derecho de dirigirse a ella con plena confianza, porque es una casa segura. Por tanto, no se podrá dar prioridad a ningún otro tipo de consideración, de la naturaleza que sea, como, por ejemplo, el deseo de evitar el escándalo, porque no hay absolutamente lugar en el ministerio para los que abusan de los menores”.

A contrapunto, su postura frente a la homosexualidad se inspira en la caridad cristiana: “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo? El catecismo de la Iglesia católica lo explica de forma muy bella. Dice que no se debe marginar a estas personas por eso. Hay que integrarlas en la sociedad. El problema no es tener esta tendencia. Debemos ser hermanos”.

Este hombre, valiente y consistente consigo mismo, hace casi un año, en una visita a Calabria, Italia, condenó a la mafia y la excomulgó: “Los mafiosos no están en comunión con Dios. Están excomulgados”.

Fue una raya más al tigre o una nueva cruz para el Papa. Porque la mafia italiana no se anda por las ramas, y no se puede descartar que atente contra la vida del pontífice.

El paso que dio Francisco se enmarca en su agobio por lo que está ocurriendo con la violencia y la descomposición social. Es una variante de la preocupación que externó, en privado, por el riesgo que Argentina sufriera una mexicanización.

Expresión que, en su momento, irritó al gobierno mexicano, sin que hubiera razón. Primero, porque fue manifestada, a título personal, en una comunicación privada. Y segundo, porque los niveles de violencia en nuestro país han dado la vuelta al mundo y no se pueden tapar con un dedo.

Como quiera que sea, la excomunión decretada por el Papa no puede pasar de noche para la Iglesia católica mexicana, ni para ninguna otra. Pero en nuestro caso, dados los niveles de violencia, y la bendición de las limosnas, provenientes del narcotráfico, por sacerdotes y prelados, debe cimbrar la Conferencia Episcopal.

Dicho en palabras llanas, el silencio de los obispos en México ante el poder del crimen organizado ha sido la regla, aunque ha habido excepciones notables. El obispo de Apatzingán, Miguel Patiño Velázquez, tuvo la fuerza y el valor de denunciar lo que ocurría en Michoacán, cuando el gobierno estatal y municipal eran cómplices –y el federal hacía mutis– de las barbaridades que cometían los Caballeros Templarios.

Los prelados mexicanos deberían asumir no sólo la condena tajante del crimen organizado, sino también la condena inapelable de la pederastia y la tolerancia ante los diferentes. Dominis vobiscum.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

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