Opinión

El PAN y el síndrome Bernie Sanders

  
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Sanders frenó el avance de Clinton en el llamado segundo 'supermartes'. (Especial)

Luego de los resultados electorales del domingo, el Partido Acción Nacional ya se ve –así lo han declarado tanto Ricardo Anaya como Margarita Zavala– de regreso en Los Pinos. Mis vidos azules. Qué bueno que disfruten el momento, que lo hagan a plenitud, porque durará mucho menos que lo que al presidente Enrique Peña Nieto le duró su Mover a México.

A los panistas les vendría bien leer pronto, entre otras cosas, un artículo de The Daily Beast publicado la semana pasada (leerlo aquí). En ese texto se revisa qué tan cierto es que Bernie Sanders representa una mejor alternativa para enfrentar a Donald Trump en la elección presidencial de Estados Unidos.

Como se sabe, múltiples encuestas reportaron en las últimas semanas que entre Hillary Clinton y Sanders, éste último salía mejor posicionado en los sondeos cara-cara contra el virtual candidato del Partido Republicano.

Entonces, ¿Sanders sería más aceptado por los estadounidenses que Hillary? The Daily Beast argumenta que para responder eso hace falta tener en cuenta un asunto crucial: si Hillary Clinton sale peor en las encuestas que Sanders, en buena medida se debe a que a diferencia de aquélla, Bernie no ha padecido el brutal escrutinio que la exsecretaria de Estado sí. Dicho de otra manera, si los electores tuvieran tanta información sobre Sanders como tienen de Hillary, tendrían peor opinión del septuagenario aspirante a la nominación demócrata.

Tienen razón los panistas en celebrar los triunfos del domingo. Tanta razón como motivos para preocuparse. El PRI sabe que, en efecto, el 5 de junio crecieron las posibilidades de que el PAN luzca como una mejor opción a ojos del electorado. Y por ello mismo, el tricolor empleará los próximos meses en refrescarle la memoria ciudadana sobre lo que son y lo que no son los gobiernos panistas.

En esa coyuntura, qué bendición no estar en el pellejo del panista Guillermo Padrés, cuyo polémico sexenio en Sonora, plagado de excesos y desplantes, resultaría ideal si un gobierno priista de pronto se empeñara en mostrar cómo en México sí funciona la justicia y cómo ésta alcanza incluso a exgobernadores.

Pero la cosa no pararía ahí. Si Felipe Calderón Hinojosa se puso a declarar hace diez días en Veracruz –sí, en ese estado donde el PRI perdió– que el gobierno de Javier Duarte en un solo año (2011) retiró casi tres mil millones de pesos en efectivo, ¿a poco el equipo de Peña Nieto no va a buscar en los cajones todo aquello que tenga a mano para regresar, prontito, el golpe recibido?

Para que no le quepa duda, que Ricardo Anaya recuerde cómo le fue en 2012, cuando al inicio de la campaña electoral tuvo un destacado papel en el episodio aquel del puente en donde los panistas mostraron que algunas de las promesas del gobernador Peña Nieto nunca se habían cumplido. Los periodicazos en Querétaro no se hicieron esperar y Anaya se volvió invisible.

Y más allá de lo que emprenda el PRI, los triunfos también refrescarán la memoria de ciudadanos y medios que saben que el PAN ya no es lo que era, que hoy ese partido forma parte de un sistema corrupto y disfuncional, recordarán que Acción Nacional nunca hizo la purga necesaria para deshacerse de los Villarreal, los Villalobos, los Jorges Romeros, los González Márquez, los de la cultura de los moches.

Se vale festejar, que lo disfruten, pues lo que sigue será un calvario. Porque este PAN no es muy distinto al PRI de los Duarte. Y pronto estarán a la vista las pruebas al respecto.

Twitter: @SalCamarena

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