Opinión

El país que derrotaba
a sus árbitros

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México

A México le encanta derrotar a sus árbitros. Así comenzamos 2015, y todo indica que así lo terminaremos. Si en marzo se impuso a Eduardo Medina Mora en la Suprema Corte, en octubre se pasa por encima de la autoridad del Ifetel.

La prensa de ayer daba cuenta del último episodio de este juego donde actores públicos y privados practican su deporte favorito: socavar instituciones.

El miércoles por la mañana Emilio Azcárraga Jean salió a manifestar su disposición a dejar para después el apagón analógico, programado para fin de año, y fue cosa de horas para que en el Congreso el PAN, el PRD y el PRI atendieran el llamado, cual si oyeran la voz de un amo.

Los legisladores se manifestaron dispuestos a, ni más ni menos, cambiar la Constitución para dejar sin efecto la fecha fatal del 31 de diciembre. Y el gobierno federal, hasta ahora, ha manifestado que prefieren seguir adelante.

¿Quién no estuvo en esa jugada político-mediática? El árbitro. El Instituto Federal de Telecomunicaciones.

Que el presidente de la compañía más importante de comunicación en español diga lo que opina, vale. Pero que los senadores se plieguen a esa opinión, en vez de pedir que el Ifetel sea el ente que diga lo que procede y lo que no procede nos regresa una nítida fotografía del país de siempre. Adiós a lo que quedaba de la retórica del Pacto por México.

Por cierto, hay quien piensa que esto de dar televisiones fue la invención de un truco perfecto. Lo explican así: en vez de instalar decodificadores en donde hiciera falta, el gobierno de Peña Nieto quiso dar pantallas porque quedaba bien con dios y con el diablo. Es decir, tendría la rentabilidad electorera de millones de teles que dicen Mover a México y, más importante, desde el principio se sabía que el plan tiene tantos defectos que nunca “estaríamos listos” para el apagón, con lo que las televisoras nunca vivieron en riesgo. El año que entra hay doce gubernaturas en juego.

Sospechosismos aparte, lo del apagón analógico es apenas –insisto– una más de las formas en que con la retórica ensalzamos a los reguladores, mientras con los hechos los ninguneamos.

Ejemplos sobran: la Secretaría de Educación Pública de Chuayffet se saltó al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) cuando en junio el exsecretario decretó la suspensión (así fuera por unos días) de las evaluaciones magisteriales; el abierto cabildeo en contra de resoluciones y facultades del INAI por parte del consejero jurídico Humberto Castillejos; designar a un colaborador con amigos en el gabinete como Virgilio Andrade para que (no se rían) investigara desde la Función Pública al presidente Peña Nieto y al secretario de Hacienda Luis Videgaray, etcétera.

Y en el Distrito Federal también hay casos: desde hace días circula la versión de que la designación de comisiones en la Asamblea Legislativa se atoró porque el exdelegado Mauricio Toledo, protagonista de denuncias de corrupción, está aferrado en su idea de presidir la Comisión de Vigilancia. Sería de risa loca si la corrupción no provocara muertes y pobreza.

Ya habrá tiempo para revisar si los árbitros (INE, INAI, Ifetel, etcétera) han hecho lo suficiente para defenderse, y sobre todo defender el interés público, pero ello no debería ser óbice para permitir que los avasallen.

Antes de cerrar el año Peña Nieto tiene oportunidad de no mandar cuates a los asientos de la Corte que quedarán vacantes. Y de aplicar el apagón. De lo contrario, tendríamos un 2015 de marca perfecta: derrotamos a los árbitros, perdimos todos.

Twitter: @SalCamarena

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