Opinión

El país del 'a pesar de...'

 
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La corredora mexicana había conquistado la medalla de plata hace apenas dos días en la final de los cinco mil metros. (Tomada de Twitter)

Cuando veo los Juegos Olímpicos no puedo dejar de sentir que los atletas mexicanos están en perpetua desventaja contra los que vienen de países con mucha mejor infraestructura deportiva. Para cualquier deportista que se tome una disciplina en serio, el éxito provendrá de una combinación afortunada de tres circunstancias necesarias, que por sí solas son difícilmente suficientes: trabajo, talento y apoyo.

Como papá de dos nadadoras, he visto de cerca el desarrollo desde niños de medallistas olímpicos. Éstos se forjan a través de años de entrenamiento, de tenacidad, de entrenadores técnicamente aptos que entienden bien cuándo exigir y cuándo apoyar, y de un entorno competitivo que fuerce al deportista a dar su mejor esfuerzo marginal una y otra vez.

En mi opinión, lo que más abunda es el talento desperdiciado: el joven con aptitudes físicas, pero sin disciplina, o el que tiene ambas, pero se lastima, sin hablar de los muchos que teniendo el perfil físico y mental adecuado, ni siquiera estuvieron expuestos a la práctica formal de un deporte, o que deseándolo simplemente no contaron con papás interesados (o con condiciones físicas o económicas necesarias), entrenadores formales, o instalaciones adecuadas.

Los poquísimos casos que tenemos en México de campeones de talla internacional, Ana Gabriela Guevara por ejemplo, lo son no gracias a lo que México como país les ofrece, sino a pesar de las condiciones adversas que prevalecen. Claramente, la falta de éxitos nada tiene que ver con desventajas culturales o genéticas, y para ello basta ver cuántos jóvenes de ascendencia mexicana, muchas veces de primera generación, son atletas triunfadores en infinidad de disciplinas deportivas en Estados Unidos.

El deporte es un microcosmos de los problemas que aquejan al país.

Hay mucha corrupción en las federaciones, una parte mínima de los presupuestos asignados al deporte le llega a los atletas, faltan planes de largo plazo para formar deportistas y equipos, hay casos como el del basquetbol o volibol donde grupos cuestionables simplemente se adueñan de un deporte y lo mantienen rehén por décadas, impidiendo su desarrollo.

Ese es el caso también para la actividad empresarial. En México un nuevo empresario tendrá que bregar con trámites absurdos, inspectores corruptos, mercancía robada, vías de comunicación bloqueadas, etcétera. Igual en el caso del desarrollo científico. Les tengo respeto doble a investigadores y académicos mexicanos. Lo poco o mucho que logran se realiza a pesar de entornos usualmente hostiles, salvo honrosísimas excepciones. Aquí también, el hecho de que haya empresas mexicanas de talla mundial, como FEMSA, Mexichem o Bimbo, es casi milagroso.

En el deporte, a diferencia de la actividad empresarial o de la ciencia, podemos medir resultados en medallas olímpicas. Ahí, como en el resto de la actividad humana, el mundo no nos espera, sigue avanzando a un ritmo que se acelera. En algunos de los deportes en los que México logró en el pasado medallas olímpicas (natación, basquetbol, equitación, esgrima), o tuvo momentos de gloria (tenis), hoy no aspiraría a ser remotamente competitivo en una Olimpiada.

No podemos decir que México vaya para atrás. Pero avanza a una velocidad tanto más lenta que los países exitosos y la brecha sigue creciendo. Dos cosas me frustran en sobremanera: primero, la creencia de que las cosas son como son y que no pueden cambiar. El cambio es absolutamente posible y la única condición que garantiza evitarlo es pensarlo imposible; segundo, la falta de prisa. Como en el caso de los talentos deportivos desperdiciados, México desperdicia a miles de emprendedores, de investigadores, de científicos, de artistas, de creadores que simplemente carecen de las condiciones para mostrar sus virtudes.

Veamos el altísimo número de jóvenes mexicanos que aportan creatividad e inteligencia en Silicon Valley, por ejemplo, contribuyendo en forma decisiva al desarrollo tecnológico en el país que está a la vanguardia del mundo.

No estoy diciendo que en México todo mundo debería ser atleta de talla internacional o investigador reconocido. En todos los países del mundo esas actividades serán realizadas al más alto nivel por élites (no en el sentido económico del término). Son los deportistas de élite los que conseguirán medallas en la olimpiada, y son los emprendedores de élite quienes desarrollarán las empresas que serán líderes mundiales en sus respectivos sectores.

En países como México, con frecuencia desdeñamos la importancia de desarrollar y apoyar a élites que serán las que le darán una ventaja relativa al país, y sentarán la base para que miles de jóvenes practiquen esa actividad, por salud en lo deportivo, por conseguir sustento en el caso de las empresas.

En lo deportivo y en lo académico, nos urge detectar y apoyar talento.

En un mundo globalizado, también tenemos que lograr retenerlo. El desarrollo del país hoy y siempre dependerá de lo que esas élites consigan. Y en lo económico, el bienestar y crecimiento del país dependerá de generar condiciones propicias para emprender.

Twitter: @jorgesuarezv

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