Opinión

El país de la simulación

 
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ME. El amparo de Aristegui.

No vivimos en un Estado de derecho, pero fingimos que sí. Si el hijo de un juez, o de un alto político, atropella a alguien, jamás pisará la cárcel, salvo en teoría. Si el presidente vive por un tiempo en la casa de un contratista al que su gobierno privilegió con miles de millones de pesos siendo gobernador del Estado de México, no pasa nada. Nombra a un amigo para que lo investigue y éste declara meses después que todo está en orden. El presidente exige una investigación y que se forme un panel de expertos para auditarla, pero el funcionario así instruido lo desobedece. Además, nos dice, de haberse encontrado alguna falta no habría sanción porque el presidente es inimputable, entonces ¿para qué la investigación? No se trata de buscar la verdad sino de simularla. Todo está en orden, sigan circulando por favor.

Se finge en todos los órdenes. La periodista estrella afirma que MVS ejerció contra ella un “mandato de aniquilación y censura” por la publicación del reportaje de la “casa blanca”, y no menciona que la empresa para la que trabajaba, luego de conocerse el reportaje, le renovó su contrato, le dio una camioneta de lujo y le aumentó el sueldo.

La periodista que acusó al presidente de conflicto de interés, no nos dijo que durante años (los mismos en los que ella arremetió contra Televisa en el contexto de la reforma de telecomunicaciones) recibió de las empresas de Carlos Slim millonarios ingresos derivados de los anuncios que se transmitían durante su programa (ver Etcétera, junio 2015), en lo que es un obvio conflicto de interés. “Mis ingresos quedaron ligados al volumen de ingresos que MVS obtuviera por comercialización”, escribió, a pesar de que el código de ética de la empresa “indica que no deben mezclarse contenidos editoriales con estrategias comerciales”.

Estas suspicacias desaparecerían si Aristegui hiciera público su contrato con MVS. Ella argumentó que la empresa, como concesionaria, debería ser considerada como representante del Estado. Un tribunal desechó su argumento legal. Para ella, los magistrados “mataron el juicio de amparo que promoví”; un tribunal colegido “optó por aniquilar la justicia”; “al juicio lo mataron con la simple presentación de una queja”; el Poder Judicial “lo que hizo fue dar un tiro de gracia”. Es decir, si el “oscuro Poder Judicial” no acepta mis argumentos, lo que hace es matar, aniquilar, dar el tiro de gracia a la justicia. ¿Qué clase de objetividad periodística es esta?

Circula en estos días La casa blanca de Peña Nieto (Grijalbo, 2015) de Daniel Lizárraga, Rafael Cabrera, Irving Huerta y Sebastián Barragán. Hacen el recuento pormenorizado de una investigación que los llevó a obtener el Premio Nacional de Periodismo y el Premio García Márquez de la FNPI. La investigación, y sus consecuencias políticas, son muy conocidas y poco agrega a ellas este libro. Se trata de una investigación ejemplar de Rafael Cabrera que el equipo de investigación de MVS complementó con gran rigor periodístico. El libro aporta, además, dos hipótesis y un extenso prólogo de Aristegui en el que detalla su querella con MVS, haciendo pasar por un juicio por la libertad de expresión lo que en realidad es una querella mercantil por la liquidación de su contrato.

La primera hipótesis: que a cambio de haberla despedido de su noticiero, “MVS obtuvo de forma expedita … dos fallos favorables en asuntos que estuvieron largamente en litigio”. Acusación grave que contrasta con la defensa pública que MVS hizo de la periodista pocos años antes frente a las presiones del gobierno de Calderón, que significaron en su momento una grave afectación económica para la empresa. La segunda: que la “casa blanca” fue un factor determinante en la concesión de los contratos para la construcción del tren rápido a Querétaro y del nuevo aeropuerto. Hipótesis que, a diferencia de la investigación de la “casa blanca”, no respaldan con algún documento.

La investigación dañó severamente la imagen y credibilidad del presidente. En ese sentido el reportaje cumplió con su objetivo de revelar al gran público actos de corrupción que no condujeron a sanción alguna. La periodista –que actualmente tiene un programa de televisión, una columna en uno de los principales diarios y un portal noticioso en Internet– se sigue presentando como víctima de la censura y “la aniquilación”. Lo dicho: vivimos en el país de la simulación.

Twitter:@Fernandogr

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