Opinión

El orden sí importa

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Empezó ya el segundo período ordinario de sesiones de la actual Legislatura. Se supone que en este período debe terminarse la segunda etapa del Sistema Nacional Anticorrupción, aterrizando en las leyes lo que ya está en la Constitución. Sin embargo, todo indica que los legisladores no quieren avanzar en este tema. Más claramente, el PRI no parece comprometido.

Tiene lógica. El Sistema Nacional Anticorrupción no sólo les complicará la existencia, sino que ataca aquello que caracterizó al sistema político mexicano. El régimen político emanado de la Revolución fue un sistema autoritario que no basó su control en la violencia, sino en la corrupción. Rara vez el régimen atacaba de forma directa a los descontentos, primero intentaba comprarlos. Y con amplia experiencia y cartera, pocos se le resistían. A partir de los años setenta el asunto se empezó a complicar porque hubo menos recursos disponibles y porque aparecieron más personas que no querían vender fácilmente. En esas fechas se hizo famosa la frase: encierro, destierro o entierro, para describir el destino de quienes eran demasiado testarudos para aceptar la negociación.

Si la corrupción se convirtió en la esencia de la vida, como lo es hoy, es porque durante un siglo era el único procedimiento de solución de conflictos entre grupos, y el camino de ascenso más frecuentado. En el México del siglo XX sólo se podía hacer rico alguien si entraba en la política y se sometía a sus reglas, o si se convertía en amigo “empresario” de los políticos. Se podía vivir razonablemente bien fuera de esas dos rutas, pero no era frecuente que se pudiera hacer fortuna. Ya entrados en ésas, algunos no vieron mayor diferencia moral en dedicarse de plano al crimen organizado, que resultó la tercera vía a la bonanza.

Si no rompemos con la corrupción, será imposible resolver el tema de seguridad. En otros asuntos puede ser menos importante (pero nunca inútil), pero en seguridad es indispensable. Sólo auditando los dineros de presidentes municipales, gobernadores y legisladores podremos empezar a controlar el caos en que estamos. Y el camino más eficiente que tenemos hoy para enfrentar la corrupción es el Sistema Nacional Anticorrupción. Por eso me preocupa mucho que los legisladores no le estén dando la importancia que merece. Y me preocupa, aunque menos, que la conversión del 3de3 en iniciativa de ley pueda ser utilizado por los cínicos que ya no quieren continuar con el Sistema completo, y puedan ver en esta ley una salida fácil.

Para ponerlo más claro, desde hace meses he insistido aquí en que el único tema que deberíamos impulsar desde la sociedad civil es el Sistema Nacional Anticorrupción: que se avance en la ampliación de facultades a la Auditoría Superior de la Federación, que se cree la Fiscalía General, y la vicefiscalía dedicada a corrupción, que se constituyan los tribunales de cuenta pública, etc. Eso no puede cambiarse por una autodeclaración de los políticos. Por muy amplia y bien hecha que sea.

Muchos dicen que debemos avanzar simultáneamente en estas dos cosas, y otros incluyen el asunto del Mando Único, o de iniciativas en materia de seguridad. Algunos se acuerdan que tenemos presiones fiscales serias, y también sugieren avanzar simultáneamente. Pero cada proyecto legislativo exige grandes cantidades de energía y capital político. Impulsar proyectos simultáneos no reduce estos costos, es más probable que los eleve.

Estoy convencido que el proyecto más importante es el Sistema Nacional Anticorrupción, y que a él debemos concretarnos. Con gobernadores limitados, le aseguro, todo lo demás (seguridad, crisis fiscal, federalismo) se hace significativamente más sencillo.
Primero lo primero.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey

Twitter: @macariomx

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