Opinión

El oficio más peligroso

    
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Héctor de Mauleón. (Cuartoscuro)

“Me tenía sin cuidado el ídolo, lo que me preocupaba al escribir la nota eran los casos de las dos menores”. Habla el historiador y periodista Héctor de Mauleón, quien la semana pasada recibió el Premio Nacional de Periodismo –en la categoría de columna– del Club de Periodistas de México; próximamente recibirá la Medalla al Mérito en Ciencias y Artes de la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México. Los reconocimientos son muy merecidos, tomando en cuenta que Héctor publica de lunes a jueves la columna que ha revelado algunos de los fenómenos delictivos más estremecedores de los últimos tiempos. El 'ídolo' al que se refiere De Mauleón es el finado cantautor José Manuel Figueroa, mejor conocido como Joan Sebastian o El Poeta del Pueblo. Las dos menores son 'Amanda' y 'Julieta', víctimas de trata de personas, quienes de forma independiente identificaron en sus declaraciones ministeriales a Joan Sebastian como explotador sexual.

Publicar la columna “Joan Sebastian, señalado por víctimas de trata”
–donde simplemente se reproducen los testimonios de 'Amanda' y 'Julieta'– le ha valido a Héctor una demanda y un nuevo dolor de cabeza. Lo acusan miembros de la familia Figueroa, de la cual forma parte Federico Figueroa (hermano del Poeta del Pueblo), quien ha sido señalado por el propio gobernador Graco Ramírez como líder del grupo delictivo Guerreros Unidos. La demanda es particularmente preocupante, pues fue presentada ante un juzgado de Morelos, donde es bien sabido que en los sistemas de procuración e impartición de justicia opera una mafia de funcionarios corruptos, dedicados a proteger los intereses de los criminales.

Desafortunadamente, la demanda de la familia Figueroa es sólo el último de los frentes que Héctor tiene abiertos como resultado de su labor periodística. El año pasado trascendieron las amenazas de las que fue víctima, luego de denunciar públicamente las prácticas mafiosas de la Asamblea de Barrios para apoderarse de predios 'vulnerables' (sólo en la Delegación Cuauhtémoc, donde se ubican varias de las colonias con mayor plusvalía de la capital, la Asamblea de Barrios ha ocupado más de 700 predios).

El caso de un edificio ubicado en la Calle Benjamín Hill, en la colonia Condesa, que se había convertido en base para el narcomenudeo y el cobro de cuota, adquirió particular notoriedad. Cosa excepcional, la presión de los medios y de los vecinos logró que se recuperara el inmueble. Posteriormente, Héctor Mauricio González, líder de la Asamblea de Barrios, fue detenido por despojo. Después de documentar ese caso, De Mauleón, junto con Denise Maerker y Rafael Pérez Gay, recibieron una avalancha de tuits que buscaban intimidarlos (incluyendo imágenes grotescas y amenazas de muerte). A De Mauleón también le han llegado rumores de que el líder de la Asamblea de Barrios, quien sigue preso, le guarda un profundo rencor.

En México investigar y denunciar el poder criminal es una labor esencial, pero tremendamente ingrata. En un país donde se puede criticar al gobierno (con algunas excepciones, como el caso que comenté la semana pasada), el crimen organizado es la principal amenaza para la libertad de expresión. Hemos cambiado el autoritarismo de los viejos tiempos, por una democracia con espacios de represión: las regiones y las actividades que controla el crimen organizado (que desafortunadamente constituyen ya enormes porciones del territorio y de la economía).

La Secretaría de Gobernación cuenta con un mecanismo para brindar protección a periodistas y defensores de derechos humanos amenazados. Desafortunadamente, las medidas de protección son intrusivas, e incluso pueden obstruir la labor de los beneficiarios (en las regiones más golpeadas por la delincuencia, la única forma eficaz de proteger a una persona amenazada es mandarla a vivir fuera de su localidad). En este contexto es importante que los medios y el gremio periodístico dejen del lado fobias y celos profesionales, y hagan frente común para defender a los periodistas amenazados, y para denunciar a los criminales.

La entrega del Premio Nacional de Periodismo, la semana pasada, no tuvo un carácter festivo. Se guardó un minuto de silencio por el brutal asesinato de Miroslava Breach, corresponsal de La Jornada en Chihuahua; un nombre más a una lista larga. En su discurso, Héctor de Mauleón lamentó que el periodismo se haya convertido en el oficio “más peligroso del mundo”. Sin embargo, cuando platico con Héctor en privado, no percibo miedo en su voz, sólo un profundo malestar por el asfixiante poder intimidador que las mafias criminales han acumulado en el país, y que en ocasiones se confunde con el poder político y hasta con el poder judicial. Para mi sorpresa, en otros momentos de la conversación Héctor cambia de tono y me pide que le “dé nota”. Ni las amenazas ni las demandas lo han doblegado. Héctor de Mauleón quiere seguir desentrañando el lado oscuro de México y siempre está ávido de nuevas pistas.

Twitter: @laloguerrero

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