Opinión

El nuevo PAN frente a
Luis H. Álvarez

 
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El panista Luis H. Álvarez falleció esta tarde a los 96 años. (Cuartoscuro)

Atribuyen a Luis H. Álvarez, fallecido ayer a los 96 años, una frase que resume el espíritu del panismo en la segunda década del siglo XXI.

Ante recientes escándalos de imberbes panistas de la Ciudad de México, me cuentan que el chihuahuense llegó a expresar que lo peor de esos correligionarios no era que fueran corruptos, sino que por ser tan jóvenes era de temerse que tales panistas serían perniciosos por un largo, largo tiempo.

El Partido Acción Nacional que desde ayer despide con golpes de pecho digitales y presenciales a don Luis, es uno que desde hace tiempo se parece demasiado al PRI, ese viejo enemigo de Álvarez, quien hace 30 años llegó al extremo de arriesgar su vida, en una histórica huelga de hambre, para reclamar el fraude electoral en Chihuahua.

Los nietos políticos de don Luis resultaron juniors que dilapidaron la honra construida durante décadas por los panistas. Aquel partido que soñaron ciudadanos decentes se convirtió en pesadilla con administraciones irresponsables en las decisiones públicas, por no decir abiertamente corruptas, como lo fueron las de Emilio González Márquez, en Jalisco, y Guillermo Padrés, en Sonora, o las de Morelos, de Sergio Estrada Cajigal y Marco Antonio Adame.

De aquel PAN que en los noventa giraba en torno a Luis H. Álvarez, y en el que tanto se discutió si era una buena idea recibir financiamiento público, nació el partido de Ricardo Anaya, quien hace todo para emular, ni más ni menos, al priista Roberto Madrazo en su intento de agandallarse la candidatura a Los Pinos desde la presidencia misma del partido.

La muerte de una figura como la de Álvarez no removerá ninguna conciencia grupal en el panismo. Al igual que el PRD, los blanquiazules creyeron que podrían entrar al mismo juego que los tricolores, sentarse en la misma mesa, formar parte del mismo sistema, sin convertirse en lo que tanto tiempo combatieron. No fue así. El PRI se impuso y PAN y PRD se pervirtieron.

Si las trapacerías de Rafael Moreno Valle son hoy un símbolo del PAN, pues en buena hora descansa Luis H. Álvarez, semanas antes de ver el desenlace de campañas electorales donde la tónica son acusaciones contra panistas por actos tan viles como narcotráfico, espionaje y pederastia.

Porque si los recientes ataques del PRI en contra de abanderados panistas logran espacio en el debate electoral es porque ya nadie duda de que un miembro del PAN podría estar inmiscuido en actividades ilícitas. Perdón la obviedad, pero hace treinta años las cosas no eran así para el PAN, y para los abuelos socialistas del PRD tampoco.

En su momento, a un PRI arrinconado y a la baja, la sociedad le exigió que se renovara. Que mostrara arrepentimiento y propósito de enmienda. Maestros en simulación, inventaron aquello de que eran un nuevo PRI.

Acción Nacional ni siquiera intentó lavarse la cara luego de la cauda de gobernadores que han dejado a sus estados en crisis de deuda y de dos periodos en la presidencia de la República, a cual más de mediocre.

En sus apuntes autobiográficos, Luis H. Álvarez contaba que cuando comunicó a su mujer que sería candidato a la presidencia de la República en 1958, ella lloró toda la noche, sabedora de los graves riesgos que enfrentarían, y que por la mañana le contestó que estaría con él en todo, como de hecho fue.

Hoy la pareja de un abanderado (a) panista, antes que llorar los riesgos, seguro se saboreará potenciales privilegios. Así el nuevo PAN ante la muerte de Luis H. Álvarez.

Twitter: @SalCamarena

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