Opinión

El necio y los otros (que son más necios)

 
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AMLO.

De nuevo se ha instalado entre nosotros ese rumor, que huele a miedo, sobre las posibilidades de que Andrés Manuel López Obrador gane la presidencia de la República.

No es necesario abundar sobre lo que es y lo que no es AMLO. Si acaso lo fuera, un refresco de memoria fue publicado ayer por Juan Pardinas en Reforma (AMLO y la corrupción http://bit.ly/22kvz6D).

De acuerdo. López Obrador es un ser maniqueo y testarudo al que incluso sus detractores le reconocen talento para sostenerse en dos o tres ideas eje, que machaca dondequiera que va. No se sale de su guión, ni muestra apertura a visiones distintas o debates reales.

Es un necio. ¿Y por qué no tendría que serlo? Si su discurso simplista es exitoso, para qué cambiarlo. Si esa necedad de denunciar a todos como corruptos (menos él, por supuesto) es premiada en las encuestas, ¿por qué reclamarle el explotar al máximo ese recurso?

En todo caso, hay que preguntarse qué es lo que hace exitoso el discurso de AMLO. ¿Es su colmillo? ¿O es un entorno de escándalos, omisiones, cinismo, ineficiencias, corruptelas e injusticias?

Cero y van diez años en que la clase política, que incluye a la comentocracia, ha sido incapaz de quitarle a López Obrador la bandera del cambio necesario.

¿No quieren que AMLO sea atractivo para los electores? Maten a ese zombie llamado Secretaría de la Función Pública, o al menos quiten de ahí al increíble Virgilio Andrade. Qué papelón hicimos como país en la Cumbre Mundial Anticorrupción llevada a cabo en Londres, donde el representante de México fue el monaguillo del presidente y del secretario de Hacienda que no investiga conflictos de interés.

Es, cuando menos, curioso que por aquí y por allá se hable de que el triunfo de AMLO supondría una regresión –riesgo que por supuesto no se puede descartar– cuando todo mundo ve a las bancadas del Congreso de la Unión repartirse anualmente cientos de millones de pesos en discrecionalidad total; cuando el Ejecutivo eleva el gasto en propaganda en pleno periodo de supuesta austeridad; cuando los gobiernos (es un decir) de los Duarte, de Borge, de Eruviel, de Moreno Valle, et al, hacen parecer costumbristas algunos de los delirios tiránicos de los reinos de Game of Thrones; cuando la PGR pierde de manera absurda los juicios clave; cuando se van prófugos desde los violadores de Veracruz hasta el saqueador de Ficrea…

Aquellos a quienes espanta la supuesta regresión que viviríamos con AMLO, habrían de hacerse caso de la necedad de la clase política, que se niega a hacer los cambios que se requieren para desarmar el discurso del tabasqueño.

No está claro si realmente AMLO cree o no en el Sistema Nacional Anticorrupción, lo descalifica, creo, más por estrategia, pero lo que sí queda claro es que el Partido Acción Nacional no cree en el SNA, el de la Revolución Democrática tampoco, mientras que el PRI y el PVEM creen, sí, pero en la versión chimuela que ellos mismos redactan.

Si la clase política fuera inteligente, más le valdría cambiar todo aquello que fortalece al exjefe de Gobierno, eso que no es otra cosa que un ambiente plagado de evidencias de impunidad de políticos y poderes fácticos.

En este duelo de necios pierde la sociedad, pero que no quede duda, como aquel viejo chiste, tenemos a un necio que va en sentido contrario de otros muchos necios, nada más que éstos –pudiendo– no han querido hacer los cambios que México requiere para no encontrar atractivo a López Obrador.

Twitter: @SalCamarena

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