Opinión

El mundo según Trump

   
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Donald Trump

El peso preponderante de Estados Unidos en el mundo debería de obligar a cualquier mandatario de ese país a tener un enfoque global amplio. A una semana de asumir el poder, Trump no ha dado señales de entenderlo. En su discurso inaugural, el nuevo presidente insistió en que su país debe dejar de involucrarse en conflictos externos, resumiendo su visión de las relaciones con el exterior con la frase: “Estados Unidos primero”.

Entre las prioridades internacionales en las que tendría que tener puestos los cinco sentidos Trump, se observan las siguientes –sin considerar la amenaza nuclear de Corea del Norte, de la que hablé anteriormente– que pondrán a prueba sus ideas aislacionistas. La primera es la lucha contra el Estado Islámico (EI), el único tema internacional del que habló claramente en su discurso. Trump señaló que luchará contra el terrorismo islámico radical. Al día de hoy, su gobierno ha mantenido los ataques aéreos en los tres países con presencia del EI, pero tiene desventaja para enfrentar a un enemigo, acostumbrado a no librar combates directos y que probablemente ya se ha infiltrado en su propio territorio.

La segunda son las alianzas militares –principalmente la OTAN, pero también con otros países en Asia–. Sobre esta posibilidad, debilitar estas coaliciones conduciría a que los aliados de Estados Unidos procuren defenderse solos: Japón y Corea del Sur frente a China, la Unión Europea frente a Rusia, Arabia Saudita e Israel frente a Irán. Cambiar estos paradigmas que han sido esenciales durante los últimos 60 años podría llevar a desequilibrios de poder, graves enfrentamientos regionales y amenazas a la paz y a la seguridad internacional.

La tercera prioridad es la relación económica con China. Trump ha acusado a la potencia asiática de manipular divisas y se ha acercado peligrosamente (involuntariamente o no) a Taiwán. Pero también, al desechar el TPP, ha abierto la puerta a China para que desempeñe un papel más importante en el sistema de comercio mundial. Basta pensar en el poder de atracción que ese país podrá ejercer en su entorno inmediato e incluso en cómo podría aprovecharlo para atraer hacia su órbita a países africanos y latinoamericanos (e incluso al Reino Unido ahora que esté fuera de la Unión Europea).

La cuarta será la vigencia del acuerdo nuclear con Irán. La administración actual no está de acuerdo con este logro de Obama y busca renegociar el acuerdo –con el apoyo de la mayoría republicana en el Congreso– lo que es probable que Irán no acepte. También podría imponer sanciones en asuntos no relacionados con el programa nuclear, como violaciones a los derechos humanos y apoyo al terrorismo islámico radical. Las principales repercusiones se sentirían en el ámbito interno –las voces radicales en Irán se fortalecerían– y en el regional, donde la derrota definitiva del EI depende de colaborar con los chiitas.

Una quinta prioridad es el conflicto israelí-palestino. El nuevo presidente ha prometido reubicar la embajada norteamericana de Tel Aviv –donde se encuentran las misiones diplomáticas de todos los países– a Jerusalén, la sede del gobierno de Israel. Esta decisión sería contraproducente: deslegitimaría a Estados Unidos como mediador, obstruiría el camino a la paz, agravaría la violencia en Israel y en el Medio Oriente y traería divisiones profundas en la ONU.

Además de estas prioridades actuales, Trump tendría que voltear hacia Latinoamérica pronto. En Venezuela hay un conflicto latente entre el gobierno de Maduro y la oposición en la Asamblea Nacional, del que parece no tener noción clara. Pero sobre todo tendrá que hacerlo si lleva a cabo sus propuestas de migración, seguridad y comercio, que afectarían a México y a varios países centroamericanos, como Guatemala, El Salvador y Honduras.

El 20 de enero el presidente terminó de tajo con el consenso bipartidista sobre el papel de Estados Unidos en el mundo, al criticar el compromiso de la superpotencia con sus aliados y con la democracia y el libre comercio. No sabemos si actuará en consecuencia –falta ver si mantendrá esta posición cuando haya amenazas a la seguridad de su país– o lo frenarán congresistas más sensatos. Sin embargo, con su diplomacia en Twitter, la nueva administración en Washington es hoy un elemento mayor de inestabilidad para la gobernanza mundial.

Twitter: @lourdesaranda

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