Opinión

El mundo según Trump

   
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Trump

Luego de casi seis meses en la Casa Blanca, empieza a delinearse la política exterior de Donald Trump. Para entenderla, hay que ver más allá de su grandilocuente retórica nacionalista. Ignorar por un momento su desdén, trato irrespetuoso o singular forma de dar la mano a otros mandatarios. No concederle mayor importancia a sus desatinadas declaraciones diurnas o a sus tuits nocturnos.

Tampoco hay que entretenerse en las pugnas palaciegas. Las disputas entre nacionalistas (Steve Bannon, Stephen Miller, Peter Navarro) y globalistas (H. R. McMaster, Gary Cohn, James Mattis, Rex Tillerson) no son muy diferentes a la que se vivieron en otras administraciones.

Contra lo que muchos analistas auguraban, lejos de llevar a su país a un aislamiento o a enfrentamientos sin sentido, Trump está haciendo uso de su dominio de “el arte de la negociación” para reacomodar los intereses de su país en un mundo multipolar.

La reunión del Grupo de los 20 dio pistas de cómo serán ahora las relaciones con Rusia y Europa.

HACE UN AÑO
Cuando estaba en campaña, el republicano empezó a amenazar con retirar a su país de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), si los otros miembros no incrementaban su contribución económica para sostenerla. Los adeptos a las conspiraciones inmediatamente supusieron un acuerdo secreto con Putin, para entregarle el control del continente. En mayo, al visitar la sede del organismo en Bruselas, Trump omitió mencionar el artículo cinco del Pacto Atlántico, que obliga a los miembros a defenderse mutuamente. Cundió la alarma: Ángela Merkel concluyó un dramático mensaje diciendo: “el destino de Europa está ahora en nuestras manos”.

Sin embargo, parece que la presión surtió efecto: hace unos días, Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, anunció que los miembros europeos aumentaron su gasto de defensa en 4.3 por ciento (un incremento modesto). En respuesta, un batallón de mil 500 soldados americanos fue enviado a cada uno de los países bálticos (un incremento modesto).

La mayor presencia militar de Estados Unidos en Latvia, Estonia y Lituania o el discurso de Trump, la semana pasada, en la plaza Krasinski de Varsovia, en donde por fin ratificó el compromiso de “defensa mútua”, prefiguran un nuevo arreglo en el que los aliados se hacen cargo de su defensa en primera instancia y paulatinamente desaparecerá el paraguas militar estadounidense de la Guerra Fría.

Trump se tardó medio año en encontrarse con Vladimir Putin y no ha levantado las sanciones económicas a Rusia por la anexión de Crimea. La semana pasada, en su inusitada presencia en la Cumbre de los Tres Mares (Adriático, Negro y Báltico), anunció el apoyo para construir la infraestructura (ductos y terminales) que permitirá a las empresas americanas abastecer de gas natural a los países de esa región, hoy dependientes de Gazprom, el monopolio ruso obediente a la geopolítica del Kremlin.

Vienen fuertes tensiones por las medidas para restringir la importación de acero y de otros productos y falta ver qué pasa en las visitas a Francia (esta semana) y al Reino Unido, pero ya se puede decir que, lejos de una ruptura, Trump está cambiando los términos de la relación con Europa.

En el Medio Oriente ha habido también definiciones: completo apoyo al gobierno israelí y línea dura hacía Irán; retiro del veto a los viajeros de Irak; reforzamiento de la alianza con los gobiernos sunitas del Golfo Arábigo y apoyo militar a los Sauditas, que en retribución están presionando a Qatar para que deje de financiar a los terroristas; ataque con misiles tomahawk a las bases militares sirias, en represalia por el uso de armas químicas contra civiles.

Trump ya no acusa a China de manipular su moneda y parece que se están produciendo algunos entendimientos en lo comercial. En lo estratégico, la presiona para que no impida la libre navegación en el Mar de China y para que frene las provocaciones de Norcorea. Está apoyando la modernización de las fuerzas armadas de Japón, Corea del Sur e India.

Sin incluir a México, en América Latina sólo son de considerar la tibieza ante los hechos en Venezuela, la preocupación por la violencia en Centroamérica y el restablecimiento de las restricciones a los viajes recreativos y de negocios a Cuba, que golpea al sector turístico, controlado por los militares.

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