Opinión

El milagro de Santa Fe

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Santa Fe. (Cuartoscuro)

¿En qué se parece la tragedia de Iguala, donde perdieron la vida 49 personas, y el desgajamiento de un talud en Santa Fe hace 17 días? En dos cosas. En que no es un despropósito decir que ambos se pudieron haber evitado; y en que son muy altas las probabilidades de que no queden claras, y menos sancionadas, las responsabilidades en tan dispares eventos.

La que propongo no es una comparación descabellada. Ayotzinapa y Santa Fe son cabos de la misma hebra.

Mucho antes de la noche de Iguala, el nefasto exalcalde de esa población ya había sido denunciado ante Osorio Chong y Murillo Karam por participación en asesinatos. Nada sustancial se hizo con las denuncias.

Mucho antes del 27 de octubre, fecha del primer derrumbe en Santa Fe, ya había habido denunciados por la ilegalidad de las antenas. Nada sustancial se hizo con las denuncias.

Pero en última instancia no fueron ni José Luis Abarca ni las antenas los factores que provocaron tan disímbolas crisis.

Repasemos por lo pronto sólo el tema de Santa Fe.

Más de dos semanas después del desgajamiento en esa zona de la capital sólo hay una certeza: nadie se hace responsable de nada.

Las versiones periodísticas han construido una magnífica torre de Babel. Se dice todo y no queda en claro nada.

Que si el terreno era del GDF porque así aparecía en el Registro Público de la Propiedad; que no, que es de un particular; que cómo que ahí seguían las antenas si ya la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial (PAOT) había establecido que no podían estar por carecer de permiso; que la Delegación Cuajimalpa nunca actuó al respecto; que sí actuó pero el dueño del inmueble no permitió que quitaran la antena; que cuatro delegados han pasado desde entonces y ninguno reconoce haber dado autorización ni todo lo contrario; que no encuentran los permisos; que sí, que una de las empresas ya los exhibió; que las tres torres de departamentos de lujo ahí construidas debían tener máximo tres niveles de altura y no diez o catorce, que es lo que tienen; que en esa zona la densificación daba para sólo diez viviendas y hay 75…

Los medios no tienen la culpa de tanta confusión. Llenan el vacío de la falta de autoridad del Gobierno del Distrito Federal, que de nueva cuenta se pasma ante una crisis.

A trompicones las autoridades capitalinas -Miguel Ángel Mancera el primero-, salen al paso de las versiones, parciales por necesidad, que los medios de comunicación han ido aportando.

La autoridad promete investigaciones, pero es incapaz de encontrar en cuestión de horas documentos sobre permisos o tenencias de la tierra que si tuviéramos una administración moderna, como la que se presume varias veces al año en congresos internacionales, deberían localizarse en cuestión de minutos.

Santa Fe nos recuerda el verdadero nivel de la ciudad de México. Si un changarro quiere poner un toldo en la fachada, en pocos minutos la Policía se hará presente y los albañiles acabarán en la cárcel (todos conocemos un caso, aquí una columna de Jorge Zepeda al respecto http://www.jorgezepeda.net/historia-del-maldito-toldo/).

En cambio, si un grupo inmobiliario construye el triple de los pisos que tiene permitidos, no habrá quien inspeccione debidamente la obra, y ésta discurre sin problema hasta que, como en el caso del talud desgajado, la incorruptible naturaleza reclame lo indebido.

Santa Fe nos recuerda que este país es un milagro. Que Ayotzinapas y Santa Fes podrían pasar más y más a menudo. Un verdadero milagro, porque la corrupción podría cobrarnos aún más cara la osadía de deseñar lo que es debido.

Twitter: @SalCamarena

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