Opinión

El mercado de las ilusiones

 
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El mercado de las ilusiones.

A la mente y sus misterios es posible acercarse desde lugares muy distintos. La opción más simple es tratarla como si fuera un programa de computadora que necesita algunas correcciones para volver a funcionar bien.

Es posible que así se acerquen los pragmáticos que ofrecen a los compradores del mercado de las ilusiones: reparar su relación con los padres en un taller de 4 semanas; ser una mujer libre y poderosa después de escuchar una conferencia sobre las sombras junguianas; cerrar heridas y ciclos con el poder de la meditación.

Encuentro el impulso mercantil de algunos colegas (o que dicen serlo) poco ético y peligroso para los pacientes, que en sus ganas locas de curarse de lo que les duele, están dispuestos a lo que sea. Quizá por eso algunos piensan que la psicoterapia no es una disciplina seria, si se encuentran a cada paso con un libro, una experta en radio, un taller o conferencia, que les ofrece el cambio del mundo interior en tan solo unas horas.

Si yo escribo aquí que deberíamos de convertirnos en nuestro propio padre y nuestra propia madre, de ningún modo creo que al hacerlo se opere un cambio en los lectores. Quizá solo espero que la idea provoque una reflexión y un diálogo interno sobre esos personajes centrales de la vida que son nuestros padres.

Me parece muy irresponsable que alguien en el radio o en la tele o en un libro afirme que dolerse por eventos del pasado es igual a ser una víctima atrapada en sus traumas de infancia.

Reducir la vida mental a fórmulas conductistas puede funcionarle a algunas personas, pero en general será fuente de frustración descubrir que después de una terapia breve o del taller de “perdonando a los padres”, algunas cosas siguen doliendo aunque ya no deberían.

El misterio del alma humana solo puede ser explorado de uno a uno, con cuidado y conocimiento. No hay respuestas categóricas para casi ninguna pregunta, por lo que el gran logro psíquico es tolerar la incertidumbre y el cambio permanente de las cosas y sus significados.

Los terapeutas no se dedican a resolver conflictos y más bien hacen intentos por abrir nuevas puertas, emocionales, intelectuales y físicas, para el individuo, las parejas y las familias.

La pregunta perfecta, dice Donnel Stern, y esa es la pregunta que el terapeuta intenta encontrar, es la pregunta del paciente. En el modelo tradicional, el terapeuta es el experto. En el modelo de la posmodernidad, el experto en su vida es el paciente. Quien tiene las preguntas pertinentes es el paciente, quien puede hacer el recuento de su vida y darle una interpretación, es el paciente.

Los ejercicios de poder que hay detrás de la autoayuda, en la que alguien se declara como sabio en una materia, son tan aterradores como cualquier intento autoritario de decirle a los otros cómo han de vivir sus vidas. Los “expertos” apelan a nuestra parte más infantil, que siempre quiere que alguien más resuelva, le dé respuestas y le diga lo que tiene qué hacer.

Quizá también este texto sea un pequeño acto de autoritarismo al decirles qué sí y qué no es terapéutico. Quizá solo quiero comunicar que debemos ser consumidores más exigentes, sobre todo cuando se trata de nuestra vida emocional. Que no estaría nada mal dudar de cualquier producto que se venda con la etiqueta de milagroso. Que si somos poco exigentes y selectivos, terminaremos teniendo a los terapeutas que nos merecemos y leyendo unos libritos de quinta.

Todos los mensajes excesivamente positivos pueden terminar haciendo sentir al paciente como un estúpido, incapaz de “ver el lado luminoso de las cosas”. Si alguien está deprimido o ha pasado un tiempo largo en duelo, puede sentirse incomprendido, juzgado y concluir que hay algo que está haciendo mal.

Deberíamos rechazar todas las respuestas reduccionistas por seductoras que resulten y aceptar que el cambio, aunque es posible, es un proceso brutal, complejo, incontrolable y multifactorial.

Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa. Conferencista en temas de salud mental.

Twitter: @valevillag

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