Opinión

El mayor riesgo
del presidente

En un par de conferencias que he dado este septiembre he abordado el tema de las reformas estructurales, y he planteado que son un primer paso dentro de otros procesos que requiere México para convertirse en país desarrollado. Para mi sorpresa, la reacción de la audiencia fue adversa. Una gran cantidad de gente no creía en las reformas.

Señalaron que el problema de fondo es la corrupción y la impunidad. En Monterrey me espetaron que esa ciudad “quedará como queso gruyere” y que se destrozará el ecosistema cuando se perforen y exploten los yacimientos de gas del subsuelo. Había enojo.

En otra conferencia en Guadalajara tuve que insistir en que el proceso de transformación de un país es multifactorial. Pero el encono era notorio. La gente mueve la cabeza, está molesta.

Tras la promulgación de las leyes secundarias, luego del mensaje del 2 de septiembre, y después de lanzadas las reflexiones del presidente Enrique Peña en relación a que insistirá en apuntar la naturaleza cultural de los problemas de corrupción, el mayor riesgo que enfrenta su gobierno es el de la disonancia cognitiva, que es la “desarmonía en el sistema de ideas, creencias y emociones que percibe una persona al mantener al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto”. En otras palabras: la desilusión.

La disonancia cognitiva es un concepto muy utilizado en mercadotecnia para ilustrar los problemas que enfrentan los consumidores que adquieren un producto o servicio, para luego darse cuenta de que lo comprado no cumple la promesa con la que originalmente se le percibió. Es común por ejemplo, en los aparatos electrónicos, experimentar alta disonancia cognitiva, si uno los mira en plena operación en una tienda como Best Buy o Liverpool, para luego llegar a casa y desilusionarse atestiguando que su desempeño no es similar, o que uno no tiene la habilidad para manipular todos los controles necesarios. La ropa también puede crear alta disonancia cognitiva, lo mismo que los viajes o productos de consumo básico. Un producto que supera expectativas obtiene la lealtad del consumidor y la repetición de la compra; pero uno que genera disonancia recibe mala publicidad de boca en boca de parte del cliente.

El gobierno del presidente Peña tiene un riesgo de disonancia cognitiva en este momento. Actualmente hay una “ventana” abierta, entre la promesa entregada y los resultados percibidos (como lo atestigüé en mis conferencias). Pero la ventana se cerrará en dos trimestres, cuando los datos de la economía den cuenta del dinamismo real de la riqueza que se está generando. Y si la ciudadanía percibe que el resultado es negativo, la desilusión se materializará en cuestión de semanas. Ojalá no.

Twitter: @SOYCarlosMota