Opinión

El lento camino de la enseñanza de las lenguas originarias

Fernando Ruiz*
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Pobreza en México. (Cuartoscuro)

Después de más de 70 años de atención educativa a los pueblos originarios de México, y a pesar de los avances legales, teóricos, políticos y administrativos en las ultimas dos décadas, el gobierno no ha podido hacer efectivo el derecho de los pueblos indígenas a recibir una educación de calidad en su lengua y cultura original.

Tomó demasiado tiempo reconocer que los pueblos prehispánicos tenían el derecho a recibir educación en sus propias lenguas y otro tanto las medidas para implementarlos. Más de un siglo después de la independencia nacional empezó́ la instalación de escuelas en las zonas rurales, en donde mayoritariamente se encontraba esta población y fue hasta la primera década de este siglo, cuando inició la formación inicial para docentes indígenas, la adaptación curricular y el inicio de una política plurilingüística de Estado.

Hoy, cuando no falta mucho para cumplir un siglo desde que empezamos a voltear la mirada hacia nuestros pueblos indígenas, estamos aun lejos de cerrar la deuda histórica que mantenemos con ellos y hacer efectivo su derecho a la educación. Hasta el día de hoy, por ejemplo, no contamos con un sistema nacional de evaluación que permita conocer qué tanto están aprendiendo los niños en sus lenguas originales.

Si bien actualmente son atendidos 1.2 millones de niños de preescolar y primaria en escuelas de modalidad indígena en 24 entidades federativas, y 276 mil niños de localidades rurales e indígenas a través de la educación comunitaria del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), eso no ha garantizado el respeto de sus derechos lingüísticos. De las 68 lenguas nacionales reconocidas oficialmente sólo 51 son atendidas en primarias indígenas y 45 a nivel preescolar.

Aunque no hay datos precisos en las ciudades y en los campos agrícolas existe una población que no tiene acceso a la enseñanza en su lengua materna.

Se estimó que en 2010 había más de 1.7 millones de indígenas asentados en localidades urbanas y semiurbanas, en donde los servicios educativos no ofrecen enseñanza en lenguas indígenas. De acuerdo con la Secretaria de Educación Publica (SEP), más de 600 mil niños y jóvenes indígenas de preescolar, primaria y secundaria son atendidos en escuelas generales de educación básica. Respecto a la población agrícola migrante, sólo son atendidos alrededor de 50 mil niños de una población estimada entre 270 mil a 500 mil niños menores de 14 años, de los cuales una parte importante también son indígenas.

Este retraso histórico debe terminar, pero no será posible sin la participación social; sin el compromiso y la participación de los padres de familia, niños y jóvenes de las regiones y localidades bilingües y monolingües para que sean ellos los que decidan su futuro, será́ difícil desterrar las malas prácticas institucionales, escolares y docentes que no reconocen su aportación al mundo ni garantizan el aprendizaje de nuestros niños ni en su lengua materna ni en español.

Una educación centrada en los niños exige no sólo acciones, sino resultados tangibles. Por eso no es suficiente que la educación intercultural tenga avances importantes en la elaboración de textos de buena calidad, la recuperación de la literatura en lenguas indígenas o la incorporación de estrategias pedagógicas innovadoras, sino que los niños y jóvenes de nuestros pueblos indígenas desplieguen sus capacidades inherentes para ser ciudadanos del mundo.

* El autor es investigador de Mexicanos Primero.

www.mexicanosprimero.org

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