Opinión

El legado de Rodolfo López Negrete

 
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CPTM. (www.cptm.com.mx)

Tradicionalmente, desde que Luis Echeverría creó la Secretaría de Turismo casi al final de su sexenio (1975), este sector no ha sido tomado muy en serio por el gobierno federal.

Refugios reiterados de amigos, políticos y novias clandestinas, tanto la Sectur como el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), más que nada eran deseadas porque llegar ahí era algo muy parecido a unas vacaciones pagadas, con un buen presupuesto para manejar a discreción. Años después, cuando apareció en escena el Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), esta dependencia pasó a formar parte de estos clubes todo incluido, integrando así una gran triada lúdica, sueño de cualquier político.

Esto provocaba que, usadas como premio o castigo por el presidente de la República en turno, el cambio de titular fuera una constante en las tres, con sus lógicas consecuencias de falta de continuidad; pero eso no importaba, al cabo que sólo se trataba de algo llamado turismo, que todos asociaban con frivolidad, cocteles, playa, albercas y biquinis; nada importante, pues.

Y si con Echevarría hubo un intento de planificar la industria turística, todo esto se olvidó con la llegada de la bonanza petrolera y aquella famosa frase de José López Portillo, de que debíamos prepararnos para administrar la abundancia.

'¿Para qué queremos turismo si tenemos petróleo y ya somos millonarios?', pareció ser la reflexión en el gobierno lopezportillista. Así que los nombramientos en Sectur y Fonatur seguían siendo una fiesta al más puro estilo priista.

Fue tan poca la continuidad en las dependencias del sector, que casos contrarios –y, por supuesto, aislados– se volvieron famosos y casi míticos porque impusieron récords a romper.

Por ejemplo, Antonio Enríquez Savignac, secretario de Turismo de Miguel de Madrid, fue el primero y único en durar un sexenio en el cargo: ¡seis años sin relevo, era una locura!

Tendrían que pasar cuatro sexenios para que llegara el panista Rodolfo Elizondo a quebrar la marca de Enríquez, pero no en un solo gobierno sino en dos. Llegó a Sectur a la mitad del sexenio de Vicente Fox y luego fue ratificado por Felipe Calderón, permaneciendo medio sexenio.

En el gobierno de Fox, igualmente, John McCarthy estuvo los seis años al frente de Fonatur. Y algo similar sucedió en el CPTM, donde a medio sexenio de Calderón fue traído Rodolfo López Negrete, para ser el director general adjunto, ya que Gloria Guevara, entonces titular de Sectur, también recibió el cargo de directora general del Consejo.

Calderón hizo ambos nombramientos porque ya estaba harto y pensó que esa sería la mágica solución a un problema recurrente: la rebelión del director del CPTM ante la autoridad del secretario de Turismo, debido a que su nombramiento proviene del presidente.

“Para acabar con la dicotomía y las deficiencias en coordinación”, fue la frase eufemística que utilizó el entonces presidente para explicar su decisión un tanto descabellada de poner en manos de una funcionaria sin experiencia en el gobierno, tanto el poder político de Sectur como el económico del Consejo.

Los tres años que trabajó junta esta pareja (2010 al 2012) son para olvidar, porque el turismo nacional se estancó y prácticamente registró crecimiento nulo. Pero al llegar Enrique Peña Nieto a la presidencia, López Negrete fue ratificado ya como director general (sin el adjunto) y en los siguientes tres años fue el principal actor gubernamental que ayudó a que el país tuviera y tenga actualmente la mejor época de la industria turística.

López Negrete ya se va dentro de unos días y aunque al parecer en las alturas hubo la tentación de regresar a las andadas y enviar en su lugar a un político cercano al presidente, pero desconocedor del turismo, finalmente Peña Nieto entendió que la dirección general del CPTM no es para un político, sino para alguien que conozca del tema y tenga la estatura para manejar ese barco. De lo contrario, podría ponerse en peligro lo logrado en este sector y, además, ya el petróleo no es tan importante en la economía nacional.

Así fue que la decisión recayó sobre Lourdes Berho, una mujer que tiene que ver con la industria y, a partir de ahí, todo es ganancia, porque se evitó lo más grave: que nombraran a un político.

Y tal vez este sea el principal legado de López Negrete a la industria turística: dejó claro que alguien de su perfil como ejecutivo, alejado de la política y con continuidad en el trabajo, puede entregar buenos resultados. Ojalá y esto sirva para que en el futuro la dirección general del CPTM sea terreno vedado para los arribistas, mensaje que cíclicamente tendrán que reenviar los empresarios.

Correo: garmenta@elfinanciero.com.mx

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